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En un momento en el que el coronavirus ya ha se ha extendido hasta alcanzar los 10 millones de infectados y se ha cobrado la vida de al menos medio millón de personas, EE.UU. permanece como el país más castigado del mundo por la pandemia, y su situación está lejos de presentar mejorías: varios estados han decidido volver a imponer las más duras restricciones de movilidad tras una semana devastadora que ha marcado nuevos récords de contagios.
En este contexto nacional, una comunidad en concreto, la de los latinos residentes en Nueva York, sigue siendo uno de los colectivos más expuestos y vulnerables a la enfermedad.
Más contagios entre los latinos
Uno de sus integrantes es Walter Sinche, un ecuatoriano que lleva 33 años viviendo en la ciudad. Como tantos otros hispanos que trabajan y habitan en la gran manzana, Walter contrajo el COVID 19. «Empecé a sentir el malestar en los huesos, dolor de cabeza intenso y fiebre», explica.
Cuando superó la enfermedad, Walter quiso contribuir a mejorar la delicada situación que atraviesa su comunidad y se echó a la calle con otros voluntarios de su barrio para desinfectar espacios públicos y repartir alimentos entre las familias latinas más afectadas. Ahora es un activista más, y trabaja para minimizar los estragos de la pandemia entre la población hispana trabajadora.
Datos oficiales hechos públicos en abril indican que mientras los hispanos representan el 29 % de la población de la ciudad, suponen nada menos que el 34 % de los infectados. «Lamentablemente –explica Walter– en nuestras comunidades la densidad poblacional en apartamentos y casas es muy alta, por el costo de la vivienda, y eso ha permitido que el contagio sea mayor en estas residencias».
Las consecuencias económicas: pobreza y desempleo
Los contagiados no son las únicas personas gravemente afectadas por la pandemia. Hay también una gran cantidad de trabajadores que han perdido su empleo y se han visto de repente relegados a la pobreza y a situaciones de necesidad extrema. Los inmigrantes hispanos en situación irregular son especialmente vulnerables ante esta posibilidad.
«Yo trabajaba en el área de Manhattan en la construcción –explica el hoy voluntario Juan Pablo Arpi–. Por el tema de la pandemia me he quedado sin trabajo y he venido acá a ser voluntario y también a recibir una ayuda». «Como todos estamos tratando de encontrar una manera de salir adelante», añade.
Walter Sinche reseña, por su parte, la delicada situación de los «indocumentados y sus familias», ya que ellos no tienen acceso a «la ayuda económica que el gobierno federal está dando». «Es por eso que nuestra ayuda va más enfocada a ese sector», especifica el activista».
Unidad y solidaridad frente al desastre
Los centros comunitarios latinos han sido otro de los bastiones de esta comunidad frente al impacto del covid-19: lugares para recibir ayuda solidaria y refuerzo social en momentos difíciles. Muchos aseguran que las muestras de hermanamiento vividas en torno a estos centros están siendo uno de los pocos aspectos positivos que ha traído esta crisis.
«Es una ayuda para la gente que realmente no tiene nada para comer –cuenta Esperanza López, una de las beneficiarias–. Estoy agradecida con todas las organizaciones que ayudan: la verdad es que es lo mejor que podía salir de esta pandemia», añade.
«No perdamos la unidad que siempre nos ha caracterizado, la que llevamos en el fondo de nuestro corazón», dice por su parte Margarita, voluntaria en una de estas organizaciones, resumiendo en pocas palabras la sencilla estrategia de resistencia con la que la comunidad latina afronta estos duros momentos.

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