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Un rincón de Guayaquil donde se cose al paso y se vende de todo en la acera

En la calle Pedro Moncayo hay decenas de ‘tendidos’ en la vereda, y allí se ofrece desde interiores hasta piezas de mecánica.

Lucio Villón, de 48 años, remataba la costura de un pantalón negro el pasado jueves. Su cliente bajó de peso y le metió dos pinzas. Le cobró $ 2,50. Así se gana la vida. Él es uno de por lo menos 80 sastres que trabajan en más de 10 locales de costura que se han ubicado en Pedro Moncayo y Sucre, a pocos pasos de los mercados Central y de las Cuatro Manzanas.

Allí, a más de los oficios tradicionales como el de Villón, también existen artesanos que arreglan zapatos, reparadores de electrodomésticos y una extensa variedad de artículos que los muestran en las veredas aledañas a esa zona céntrica.

Villón comentó que se inició desde los 10 años, ya que su papá era sastre. “Antes andábamos con las máquinas ambulantes, de esas pequeñitas, y ofrecíamos el servicio, luego de la regeneración ya disminuyó. Ahora ya todos estamos en locales”, explicó el sastre.

Hay clientes que llegan a realizar arreglos en la ropa para que comerciantes las ofrezcan en las veredas, que se han convertido en vitrinas de diversa mercadería como zapatos, ropa, espejos, peluches, hasta de dispositivos electrónicos como pendrives.

Jaime Loor, quien trabaja como maestro zapatero, indicó que los vendedores llevan zapatos usados a arreglar y los venden en las veredas.

“Traen zapatos usados, rotos, hacen algún cambalache con otro producto, ellos los traen acá y se los dejamos como nuevos, y luego ellos los venden a mejor precio”, contó Loor.

Sonia López encontró una chaqueta impermeable para su nieto de 8 años. “Vine a reparar mi licuadora, pero me detuve viendo la ropa usada en la vereda y compré esa chaqueta a $2, es para que no se moje mi niño”, expresó.

Ricardo Suárez, residente de las calles Colón y Pedro Carbo, contó que muchas personas optan por visitar los “tendidos”, pues a veces hay ofertas.

“Encontré un espejo de pared para mi baño, por el que me pedían más de $ 10, pero aquí lo compré en $ 3”, dijo Héctor.

Los vendedores y artesanos comentaron que ellos deben aportar $ 80 para pagar el arriendo de entre $ 800 y $1.000 en esos locales.

“Nosotros hacemos de todo, bastas, remiendos, pantalones, blusas, pijamas, vestidos, aquí se hace de todo porque se necesita para comer”, explicó Jorge Lozano, otro sastre.

En tema de seguridad, motorizados de la Policía recorren esa zona, donde también se ven consumidores de droga.


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