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Según datos proporcionados por la empresa ETAPA, desde el 2015 hasta septiembre del 2018, se han afectado 1.482,12 hectáreas a causa de estos flagelos ocasionados en las inmediaciones de las áreas protegidas como el Parque Nacional Cajas, PNC, y el Área Nacional de Recreación Quimsacocha, ANRQ.

Zonas como Yanasacha, el sector de Fundil en Chanlud y Malal, en las inmediaciones del Parque Nacional Cajas, constan como las áreas más afectadas por incendios forestales entre 2017 y 2018. Así lo informa la administración de áreas protegidas de la empresa ETAPA, desde donde también se indica que, desde el 2015 hasta septiembre de este año, se han afectado 1.482,12 hectáreas, en los territorios cercanos al Parque Nacional Cajas, PNC, y al Área Nacional de Recreación Quimsacocha, ANRQ.

Pero, ¿qué es lo que sucede con los suelos, el agua, la flora y la fauna de estas zonas después de los incendios forestales? Paúl Vintimilla es el subgerente de gestión ambiental de ETAPA y se muestra preocupado. Explica que de las 45.000 hectáreas de áreas protegidas contabilizadas en Azuay, 33.000 corresponden al PNC y al ANRQ. Y si bien, dos de los tres incendios suscitados el 12 de octubre pasado corresponden a la parroquia Molleturo y no llegaron a afectar los límites del PNC, fueron muy cercanos a esa zona “y esto no quiere decir que no hayan causado un impacto fuerte”.

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Consecuencias
Vintimilla habla de un periodo de 30 años para que las áreas quemadas se regeneren. El suelo al erosionarse queda totalmente descubierto de su capa vegetal; por ejemplo, en el incendio que se dio en Chacanseo de Molleturo, debido a su cercanía con la carretera, el sector podría ser propenso a derrumbes porque los materiales de roca y tierra quedan bastante desprotegidos. Además, el funcionario asegura que la gran cantidad de calor hace que la microfauna existente se extinga.

Por su parte, el bombero forestal Omar Chicaiza indica que los ecosistemas en el Azuay son similares, es decir, tienen una gran cantidad de pajonal y hojarasca presentes en las partes bajas de los bosques, las mismas que tienen mucha cantidad de combustible capaz de generar una reacción en cadena inmediata con el fuego.

Este incremento súbito de temperatura, dice, hace que la estructura del suelo varíe, se dañe y que todos los macro y micronutrientes sean arrastrados por el agua y pierdan su productividad.

Chicaiza agrega que se produce también la liberación de gases tóxicos para el medio ambiente como el monóxido y dióxido de carbono; la ausencia de sombra como consecuencia de la pérdida de vegetación y un suelo deshidratado como resultado.

Esto pone en peligro inminente a la extensa avifauna del área, así como a los osos de anteojos, tigrillos, lobos de páramo, conejos salvajes, entre otros que pueden desplazarse más rápido que los reptiles, a los que el fuego los alcanza más rápido y los extingue.

“Las campañas de prevención y el llamado a la ciudadanía son constantes. Los bomberos actuamos de forma inmediata, sin embargo, el compromiso depende de la gente”, sostiene el bombero. (I)

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Las áreas protegidas se afectaron durante los dos últimos años
Según datos de la subgerencia de gestión ambiental de ETAPA, entre el 2017 y 2018 fueron afectadas 623 hectáreas a causa de los incendios forestales, en las zonas aledañas y al interior de las áreas protegidas como el Parque Nacional Cajas, PNC y el Área Nacional de Recreación Quimsacocha, ANRQ.

Paúl Vintimilla, subgerente de la entidad, advierte que en la zona existen cerca de 500 especies endémicas de flora, de las cuales, 71 son parte de las áreas protegidas como el PNC y 16 son únicas en el mundo como el polylepis o ‘árbol de papel’.

Además de aves y micromamíferos que habitan el lugar, aquí se registran más de 4.000 cuerpos lagunares. “El Macizo del Cajas es la quinta Reserva de Biósfera del Ecuador y, si es afectada constantemente por los flagelos, podría ser fatal para los suelos, la flora, la fauna, el medio ambiente y, sobre todo, el agua”, comenta Vintimilla.

Por su parte, el coordinador zonal 6 del Ministerio del Ambiente, Juan Pablo Rivera informa que el MAE, conjuntamente con las demás entidades respectivas, llevan adelante, desde julio de este año, la campaña ‘Ecuador sin fuego’, cuyo objetivo es educar a la sociedad sobre la importancia de preservar los recursos naturales y del porqué es necesario prevenir su afectación con los incendios.

“Usar el fuego para quemar hojarasca y preparar el terreno para cultivos, siguen siendo prácticas poco sustentables que continuarán originando pérdidas ambientales, sociales y económicas”, señala el funcionario.

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