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El Gobierno de España ha aprobado este martes, en reunión ordinaria de su Consejo de Ministros, el plan oficial de vacunación contra el coronavirus. El presidente Pedro Sánchez ya lo había adelantado la semana pasada, con un anuncio articulado en torno a un mensaje optimista: «Una parte muy sustancial de la población estará vacunada con todas las garantías a lo largo del primer semestre del año 2021».

Desde el Ejecutivo español también celebran ser el primer país de la Unión Europea, junto a Alemania, en tener ya listo un plan completo de vacunación, en vistas a contar en los próximos meses con fármacos en el mercado.

En efecto, el operativo proyectado por el Ministerio de Sanidad está ya lo suficientemente avanzado como para que puedan comunicarse algunos detalles: se habilitarán 13.000 puntos de vacunación en el marco de una única estrategia estatal en tres fases, que dará comienzo en enero y se extenderá hasta junio. Los primeros en recibir el antígeno serán los mayores que viven en residencias geriátricas y sus cuidadores, así como los mayores de 70 años y quienes padecen patologías de riesgo.España cuenta con la asignación pactada de un 10 % de los 1.225 millones de dosis que la Unión Europea ha adquirido a un conjunto de cinco compañías biofarmacéuticas, siempre y cuando estas demuestren su seguridad y efectividad una vez concluidos los ensayos: AstraZeneca, Sanofi-GSK, Janssen, CureVac y BioNTech-Pfizer. Sánchez declaró que este aparente panorama de abundancia y variedad de fármacos permite ya «vislumbrar el fin de la pandemia«.

Así las cosas, España parece ya un país encarrilado hacia la solución de la mayor crisis sanitaria de su historia reciente, pero en su camino hacia «el fin de la pandemia» asoma un escollo que podría complicar este supuesto tramo final de la ansiada vuelta a la normalidad: casi la mitad de los españoles se muestran reticentes a vacunarse, y tan solo un 13 % estaría realmente dispuesto a hacerlo tan pronto como fuera posible.

Son datos que se desprenden, respectivamente, del último barómetro del CIS y de una encuesta de la compañía demoscópica Ipsos, que confluyen en una conclusión común: en España hay miedo a la vacuna.

Anatomía demográfica del rechazo a la vacuna

Tal como refleja la encuesta del CIS, el 47 % de los españoles respondió con un rotundo ‘no’ a la pregunta «¿Estaría Ud. dispuesto/a a vacunarse inmediatamente cuando se tenga la vacuna?», frente a un 36,8 % que respondió afirmativamente.

La desconfianza frente a este fármaco, también según esta encuesta, es mayor entre las mujeres que en los hombres: el 53 % de ellas no confía en la vacuna, frente al 40 % de los varones. La edad también parece ser un parámetro diferencial en el rechazo a la vacuna: este es mucho mayor entre los jóvenes de entre 24 y 35 años, donde más del 60 % se niega a recibirla.

Por su parte, la encuesta publicada por Ipsos arroja datos aún más extremos, al reflejar que solo el 13 % de los españoles se vacunarían «inmediatamente» una vez que estuviera disponible la vacuna. Otros muchos españoles, sin embargo, lo harían más adelante, con el paso de los meses, pero en total, los dispuestos a vacunarse, según este estudio, no superan el 64 % de la población

«Esto coloca a España como el segundo país con menos intención de vacunarse en Europa, solo por detrás de Francia (54 %) y seguidos muy de cerca por Italia (65 %)», señalan desde Ipsos. A nivel mundial, esta cifra alcanza el 78 %. 

Este trabajo demoscópico ahonda además en los motivos específicos de la desconfianza española frente a la vacuna, situando «la rapidez de los ensayos clínicos» como el más relevante de ellos. Casi la mitad (48 %) de los que se niegan a recibir el fármaco lo hacen por este motivo.

El segundo motivo más común para no vacunarse son los posibles efectos secundarios que pudieran darse. Un 36 % de los españoles que no se quieren vacunar aducen esta razón como causa.

«Esa reticencia inicial podría ir disminuyendo»

Rosario Cáceres, vocal de la Asociación Española de Vacunología (AEV), se muestra optimista con el avance de la inmunización en España, a pesar de las cifras. Cree que la situación cambiará una vez que «la vacuna aparezca ya en el mercado, autorizada por la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios, con su nombre, su ficha técnica, etcétera, y empiece a existir de forma real, porque ahora solo estamos hablando de resultados preliminares y ensayos». 

«Cuando la vacuna ya esté realmente en los hospitales –continúa Cáceres–, en los centros de salud, en los puntos de vacunación, y cuando los profesionales sanitarios empecemos a vacunarnos para dar ejemplo, esa reticencia inicial podría ir disminuyendo». La vocal de la AEV, que es también farmacéutica de profesión, admite no obstante que «si no disminuyese, sí que sería un problema».

Contra la desinformación, pedagogía

Cáceres admite que las grandes cantidades de desinformación que circulan por diferentes vías y ciertos mensajes sin fundamento científico juegan aún en contra: «Estamos inmersos en un mar de información donde el paciente, a priori, no tiene por qué saber discriminar entre páginas científicamente fiables de las que no lo son», explica, señalando que «hay muchas webs y mucha información pseudocientífica, muchas veces emitida incluso por profesionales de la salud, y eso crea mucha desconfianza en la población». En este sentido, señala que «los comportamientos son tan contagiosos como los virus».

«Tenemos que ser capaces de entender las dudas de los pacientes –continúa– porque las vacunas son al fin y al cabo medicamentos que, mediante un doloroso proceso, se inyectan en pacientes sanos, y el cerebro humano tiene dificultad para aceptar riesgos cuando no tiene enfrente el peligro o no lo tiene de forma muy clara».

En el momento en el que salgan al mercado, una vez autorizadas por la Agencia Española del Medicamento, podremos confiar en que las vacunas serán totalmente seguras.

Cáceres cree que para combatir ese comprensible recelo, «hay que trabajar, hay que hacer pedagogía, hay hacer sentir cómodos a los pacientes a la hora de que nos hagan preguntas, de que expresen sus dudas y sus temores».

«Hay que trabajar con ellos desde la evidencia científica para combatir las creencias falsas y conseguir que se vacunen tranquilamente», añade, subrayando que las vacunas son los medicamentos más seguros que existen.

Los grandes recelos: la rapidez de los ensayos y los efectos secundarios

Es posible que la concurrencia de varios laboratorios biofarmacéuticos, en diferentes países, anunciando casi simultáneamente sus respectivos avances en el desarrollo de sus vacunas contra el covid-19, haya generado en la población la sensación de que está en marcha una ‘carrera’ comercial en la que la velocidad y el afán de adelantarse al resto podrían importar más que la calidad de la vacuna o su seguridad como fármaco.

Esta rapidez en el desarrollo de los antígenos está, como hemos visto, detrás de la mayor parte de los recelos que las personas tienen frente a la futura vacuna. Sin embargo, Rosario Cáceres aclara que «no hay ningún motivo» para desconfiar en ese sentido.

«La parte que se ha acelerado es la parte burocrática, se le ha dado prioridad a los trámites de esta vacuna –especifica la vocal de la AEV–. Pero en ningún momento, en ningún paso, se compromete la seguridad de la vacuna».

Cáceres insiste en que «toda la parte importante en lo que respecta al compromiso de la seguridad y de la eficacia de la vacuna está intacta», en especial «todo lo que se refiere a la selección de los voluntarios, a la evaluación de reacciones adversas y a cualquier detalle por el que se podría paralizar el estudio».

En cuanto al otro gran temor relacionado con esta vacuna, el de los efectos secundarios, la farmacéutica reitera que «en cada fase de los ensayos se evalúan las reacciones adversas» y apunta que «los resultados que ahora mismo están arrojando los laboratorios son los habituales: dolor en el lugar de inyección, que remite a las pocas horas». 

La vocal de la AEV señala que «si unimos a toda la población en estudio son más de 100.000 personas las que están participando en los ensayos: 25.000 en un proyecto de vacuna, 30.000 en otro, etcétera», por lo que globalmente «existe ya una gran cantidad de gente que se ha sometido a los ensayos en fase 3 y ha recibido las dos dosis».

La pandemia de coronavirus va a ser otro episodio más en el que las vacunas pongan en valor el avance sanitario tan importante que significan.

«La experiencia en este campo –prosigue Cáceres– nos dice que los efectos secundarios de las vacunas se detectan como muy tarde a los 40 días, con lo cual ya tenían que haber salido a la luz, y por tanto las vacunas están revelando ser seguras«.

«Quizá aún no lo podemos asegurar al 100 % –concede–, pero en el momento en el que salgan al mercado, una vez autorizadas por la Agencia Española del Medicamento, desde luego podremos confiar en que la vacuna será totalmente segura«.

En la AEV esperan que para ese momento la reticencia inicial haya disminuido lo suficiente como para que la campaña de vacunación tenga el éxito esperado. «Y si no –insiste la vocal– tendremos que hacer labor pedagógica los profesionales sanitarios, y tendremos que acompañar a los pacientes». 

En ese sentido, explica que «si los pacientes están en las redes buscando información, pues tendremos que estar en las redes; si el paciente necesita más tiempo de consulta, pues tendremos que darle más tiempo, resolviendo sus dudas en un lenguaje asequible», en una labor que debe realizarse, según su opinión, «respetando por completo sus ideas y su manera de pensar, empoderándolos y empatizando con ellos».

«Las vacunas nos han salvado de otras Pandemias y hoy en día tenemos 14 antígenos en nuestros calendarios vacunales funcionando perfectamente», señala la farmacéutica, que recuerda que estos fármacos prácticamente han hecho desaparecer la polio, el sarampión, las paperas, la rubeola o el tétanos. 

Cáceres cree asimismo que la pandemia de coronavirus «va a ser otro episodio más en el que las vacunas pongan en valor el avance sanitario tan importante que significan».

El dudoso recurso de la obligatoriedad

Uno de los aspectos que ha subrayado el Ministerio de Sanidad en el contexto del plan de vacunación impulsado por el Gobierno es que, por el momento, se descarta que vaya a ser obligatoria. 

«En España nunca se ha tenido que hacer obligatoria ninguna vacuna –recuerda Rosario Cáceres– y tenemos altísimas coberturas vacunales, somos un país envidiado en cuanto a esa cobertura». Además, señala que en España «es rarísimo que se formen grupos antivacunas».

Esta última afirmación parece corroborada por la mencionada investigación de Ipsos, que señala que «solo un 3 % de la población española afirma estar en contra de las vacunas en general«, lo cual supone «el índice más bajo de todos los países encuestados».

La farmacéutica achaca esta circunstancia a que «la población española cree firmemente en sus profesionales sanitarios».

Por lo tanto, Cáceres no considera que vaya a ser necesario recurrir en ningún momento a imponer obligatoriamente la vacuna contra el coronavirus: «Esperemos que no sea necesario, porque la libertad de la población y su capacidad de elegir es una cosa positiva». Además, recuerda que «la obligatoriedad trae también sus inconvenientes, y puede volverse contraproducente«.

«Los españoles somos personas muy solidarias, y sabemos que la vacunación es un acto no solo de protección individual sino también de generosidad, porque al hacerlo estamos protegiendo al resto de la población», agrega con optimismo.

En cualquier caso, desde el Ejecutivo español se ha advertido ya de la existencia de «herramientas» legales suficientes para hacer obligatoria la vacunación, si bien se insiste en que ese escenario no está de momento en el horizonte.

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