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Microempresarios, emprendedores y trabajadores que laboran por su cuenta recibirán este martes 31 de marzo del 2020 el fin de mes sin ingresos. Frente a esa situación, el Gobierno lanzó una medida de ayuda en el pago de impuestos y cinco medidas laborales para aliviar el pago de salarios. Así, el viernes 27 de marzo del 2020 emitió un Decreto para diferir el pago de impuestos del IVA y del impuesto a la renta de cuatro grupos de negocios. Esas empresas podrán pagar estos haberes en seis meses y no en abril, como estaba previsto. Estos grupos incluye a las microempresas; negocios que tengan domicilio tributario principal en Galápagos; operación de líneas aéreas; que sea de los sectores de turismo (alojamiento y/o comidas), que sea del sector agrícola; y los exportadores habituales de bienes o aquellos cuyo 50% de ingresos provenga de la exportación de bienes. Además, el Ministerio de Trabajo emitió el domingo 29 de marzo del 2020 un nuevo Acuerdo con cinco beneficios para aliviar la presión del pago de remuneraciones en el sector privado. Entre ellas, se abrió la posibilidad de que los empleadores lleguen a acuerdos de pago del salario con los trabajadores que tienen la jornada suspendida durante la emergencia y que dispongan a sus empleados el uso de vacaciones acumuladas. Estas medidas se suman a otras tres emitidas días atrás. Por un lado, los trabajadores informales, autónomos y pequeños negocios accederán a un bono de USD 60 de forma temporal, que se entregará en abril y mayo. El incentivo se entregará a 400 000 personas. Para saber el listado de beneficiarios se debe llamar al teléfono 1800 002002. Para aliviar la liquidez de este segmento, el Biess inició la entrega de USD 100 millones para quirografarios emergentes de hasta USD 2 500. Con el programa reactívate, se otorgará extensión de hipotecarios en esta misma entidad por 30 años y 18 meses de gracia. Y, finalmente, la Junta de Regulación de Política Monetaria y Financiera, diferirá por 60 días e incluso 90 días en casos especiales los pagos de los préstamos financieros.

Los dos empleados que tenía La Chaparrita, un negocio que fabrica tortillas, nachos y flautas, se acogieron a la suspensión de la jornada durante los días que dure las restricciones por el covid-19, dijo Sebastián Jarrín, dueño de este negocio que empezó hace un año junto a su esposa Mónica Cevallos. Con esfuerzo, cuenta Jarrín, ahorraron USD 15 000. Él renunció a su empleo en el área de importaciones de una empresa y desde hace cuatro meses el emprendimiento comenzó a producir. La iniciativa vendía unos 120 kilos de producto a 13 restaurantes antes de la emergencia. Este emprendedor calcula en unos USD 1 600 las pérdidas por dos semanas sin vender sus productos. Para no seguir perdiendo dinero y producto, la pareja comenzó a ofrecer servicio a domicilio, a través de sus redes sociales. El domingo 29 de marzo del 2020 comenzaron sus primeras entregas, con ocho pedidos. “Calculábamos que íbamos a recuperar la inversión inicial en un año y ocho meses, pero con esta situación ya no hay certezas”, contó. La historia de La Chaparrita no es aislada. El Gobierno calcula que el 70% de la actividad productiva está paralizada y el 30% restante funciona solo parcialmente. Los coletazos de este estancamiento están siendo especialmente duros para los microempresarios, en especial aquellos que no corresponden a tiendas y farmacias. Los pequeños negocios representan el 91% de las 899 208 empresas formales que hay en el país, según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC). De ellos, la mayor parte está en el área de servicios. Para prevenir el riesgo de contagios, una de las primeras medidas que tomó el país fue la cancelación de la llegada de vuelos internacionales. Y, por ende, las personas que están detrás de las actividades turísticas se quedaron sin trabajo.
Es el caso de Guillermo Almeida, un guía que labora por cuenta propia. Los tours que él realiza dependen de las agencias. Antes de la crisis sanitaria, el joven tenía un plan de trabajo hasta junio. Pero, de pronto, todo se canceló. “Nosotros, lamentablemente, no somos empleados fijos de las agencias y los siguientes meses no tengo trabajo”, comenta el guía, quien vive con su esposa e hijo pequeño. Almeida no ve una recuperación de la actividad turística en el corto plazo. Él solicitó a su banco diferir las deudas de la tarjeta. Aún no sabe cómo conseguirá ingresos en los siguientes meses para cubrir los gastos de su hogar, ya que solo factura por servicios profesionales y, al no estar afiliado al IESS, no puede acceder al seguro de desempleo.​Solo en Quito hay más de 500 guías independientes.​Otro sector golpeado es el de comercio. El cierre de las ferias de motos y autos usados en Quito dejó sin trabajo a unas 100 000 personas, entre vendedores, pintores, enderezadores que acudían los días de feria, cuenta Darío Paladines, miembro del Directorio de la feria del norte de la capital. Él trabaja en sociedad con su padre y su tío, y por el cierre de las ferias, tienen varios vehículos sin vender. En promedio, en este nicho se puede tener ingresos mensuales de entre USD 1 000 y USD 1 500. Los vendedores recurren a créditos y, en otros casos, reinvierten lo que ganan en el negocio. Según Paladines, los comerciantes también ofrecen los bienes en portales web especializados, “pero ahí tampoco hay ventas, porque las personas no concretan las compras si no ven el auto”.

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