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Con 39 años, Luis (nombre protegido) adquirió el covid-19 cuando viajó a Guayaquil, el 14 de marzo. Él es conductor de un bus interprovincial y -asegura- no podía dejar de trabajar, antes de las restricciones de movilidad entre provincias. Días después de volver empezó a presentar algo de fiebre, tos y sentía que le faltaba el aire. Ahora permanece en aislamiento domiciliario, tras haber pasado 15 días en el Hospital Carlos Andrade Marín (HCAM), del Seguro Social. No está seguro, pero cree que se contagió en la terminal terrestre. En el hospital le sorprendió ver que incluso adolescentes tenían el virus. “Allá caí en cuenta de que todos somos vulnerables, sin ninguna excepción”. Lo mismo piensa Fernando (nombre protegido). El paciente, de 48 años, empezó a sentir dolor de cabeza. No sabe qué pasó pues se movilizaba en el transporte que ofrece la empresa en donde labora. Viajaba de Calderón a Guamaní.

Su caso no es aislado. Los adultos mayores (más de 65 años) desarrollan los cuadros más graves de covid-19, por males preexistentes. Pero representan solo 16,2% de los contagiados en el país. La mayoría de infectados, 56,3% tiene entre 20 a 49 años. Hasta ayer se confirmaron 39 994 casos a escala nacional. Se trata de la fuerza productiva del país, señala el intensivista del IESS Quito Sur, Carlos Pérez. Él -de 33 años- se contagió, al igual que su esposa, una médica del HCAM de 32. “A veces no sentimos nada, pareciera una gripe leve”. El galeno afirma que quienes salen de casa llevan el virus a sus padres, abuelos y demás familiares. “Ellos son los casos menos complicados, pero también se tornan en un reservorio del virus. Contagian a los más vulnerables”. Aunque en menor proporción que los adultos mayores, la población joven también puede llegar a una Unidad de Cuidados Intensivos (UCI). En el Quito Sur, el médico Pérez calcula que han atendido a unas 15 personas de 30 a 40.

Durante la última semana, al menos tres en ese rango de edad han ingresado a la UCI en esa casa de salud. “En la mayoría de casos, la principal causa es el sobrepeso”. En ese hospital, Pérez subraya que la mortalidad de pacientes que ingresan a UCI es del 50%. La del total de contagiados es de menos del 3%. Desde que empezó la emergencia han atendido a 1 500 pacientes.​Más de 70 cantones del país están ya en el color amarillo del semáforo, diseñado por el Comité de Operaciones de Emergencia (COE) nacional, para representar la reactivación. Por ello cada vez más personas abandonan el confinamiento. Deben tomar las medidas para evitar contagiarse. Por ejemplo, Quito desde mañana dejará el aislamiento y pasará al distanciamiento social. Por lo que -anota Byron Núñez, epidemiólogo y catedrático de la Universidad Central- hay que evitar las tres C de la transmisión. Esto quiere decir no al contacto cercano, los sitios cerrados, y lugares concurridos.

El riesgo de brotes de infección por coronavirus es muy alto, cuando las ‘tres C’ se juntan de manera simultánea. Además, reitera que la mascarilla facial es el más importante mecanismo de barrera porque impide la transmisión de infecciones respiratorias a nivel comunitario (de personas infectadas, que no presentan síntomas y siguen saliendo a la calle). A esto se suma la higiene de manos con agua y jabón o con alcohol antiséptico. El distanciamiento físico o social (de mínimo dos metros entre personas) debe ser la nueva forma de relacionarse e interactuar, indica Núñez. Abel Godoy, coordinador de Medicina Crítica del Carlos Andrade Marín, del IESS, con 46 años, también resultó contagiado con covid-19. Como personal de salud -dice- tienen riesgos adicionales. Pero comenta que en el hospital se han tomado todas las medidas de protección, por lo que considera podría haberse infectado mientras hacía compras, para consumo personal. “Permanecí sin síntomas, apenas supe que estaba contagiado me aislé pues todos los positivos somos diseminadores del virus. La población debe ser prudente, algunos deben retomar el trabajo presencial, pero eso no implica volver a actividades sociales”. Carolina Vaca, psicóloga clínica de la UDLA: ‘Emociones difieren en contagiados y familiares’ Cuando un miembro de la familia se ha contagiado con covid-19, es importante reconocer que tanto él como los demás miembros de la familia sentirán emociones diversas. Plantearse objetivos y actividades a corto plazo es importante en esas circunstancias. Esto es vivir el día a día y el paso a paso. A veces pensar mucho en el futuro puede abrumar muchísimo al enfermo. Hay que reconocer que todos tenemos límites. Tanto el cuidador como la persona que es cuidada necesita de acompañamiento, no solo de profesionales. También será de ayuda visualizar que se trata de una etapa transitoria, en la que se requiere del cariño y solidaridad de otros, para gestionar las emociones. Esta puede ser una oportunidad para afianzar lazos, comunicarse mejor con la familia, reconociendo que los hogares no son perfectos, que pueden tener desencuentros y que lo importante dentro de esto es generar diálogos para llegar a acuerdos. Pídales a sus hijos o hermanos, parejas que se informen por medios oficiales para evitar que la ansiedad o las cadenas empeoren la situación.


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