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El aumento de la obesidad y el retardo en el crecimiento infantil son dos retos que afronta América Latina. Robinson Cruz, presidente del Comité Internacional de Estandarización en Nutriología, emprende una gira por la región para incentivar la formación científica de los profesionales especializados en esta materia. También busca motivar el análisis de las políticas aplicadas por los estados. ¿Cómo define, a grandes rasgos, los patrones dietéticos de América Latina? Hay segmentos marcados: una zona de influencia andina, con productos como la papa, el plátano y los mariscos; el Atlántico Sur, con peso de la migración europea y mucho consumo de carne; Centroamérica y México, con predominio maya y azteca por el maíz. En toda la región la obesidad se ha exacerbado en la última década, a consecuencia, creo yo, de los tratados de libre comercio. ¿La globalización, entonces, alteró ese patrón? Por supuesto. Los tratados de libre comercio causan una dinámica distinta en la economía. Hay mayor consumo de frituras y azúcares, y mayor presión en los cultivos por la exportación, lo que hace que, probablemente, sean menos nutritivos que antes. Y hay más sedentarismo, asociado con pérdida de masa muscular y aumento de la obesidad.

En 2019, un informe de la Organización Panamericana de Salud hablaba de una ‘epidemia de alimentos ultraprocesados’. ¿Qué tan negativa es esta tendencia y por qué? Latinoamérica está tratando de establecer políticas sobre alimentación saludable y advertencias en las etiquetas. En Ecuador se usa el semáforo; en Perú se acaba de aprobar el octógono; en Chile ya hay octógonos. Pero esas son advertencias. Si bien es una buena estrategia no es suficiente por sí sola para corregir un problema mucho mayor. ¿De qué tipo? ¿Se podría combatir con políticas de Estado más integrales? Es un tema de hábitos alimentarios. Quizás una persona deja de consumir unas galletas por el semáforo, pero en casa usa seis cucharadas de azúcar para su refresco y utiliza aceite saturado. Esa comida no tiene etiquetas. Los estados en Latinoamérica tienen que evaluar lo que hay en casa y en la escuela. Es un problema mucho más fuerte que el de los ultraprocesados, aunque también es cierto que si no controlamos los ultraprocesados estamos camino a agudizar la crisis de obesidad.

Las enfermedades no transmisibles, como las cardíacas y el cáncer, son las principales causas de muerte en la región. ¿Qué tan relacionadas están con una mala nutrición? Vivimos una transición epidemiológica. Antes moríamos por infecciones, pero se hicieron mejores antibióticos y empezamos a comer más y a subir de peso. La acumulación de grasa en el cuerpo incrementa el riesgo de diabetes, hipertensión y cáncer. Mientras más obesa es una persona el riesgo de adquirir alguna de estas enfermedades se puede multiplicar por 10. Todo tiene que ver con la nutrición. En ese contexto, ¿cuál es el rol de la academia? Hay que tratar de poner en la mente de quienes administran Salud la importancia de contar con profesionales de la nutrición capacitados científicamente y no solo para hacer dietas. Por ejemplo, pueden desarrollar fórmulas especializadas para la recuperación de pacientes, en menor tiempo y a menor costo. En cuanto al desarrollo infantil, ¿cómo afecta la desnutrición a la región? ¿Se la monitorea de la manera correcta? En Ecuador, la desnutrición crónica afecta al 27,2% de los menores de 2 años. El monitoreo obedece a normativas de la Organización Mundial de la Salud. Pero el término desnutrición crónica es un error. Debería usarse retardo en el crecimiento. ¿Por qué? El término desnutrición crónica viene de una mala traducción. Talla corta en inglés es ‘stunting’ y adelgazamiento, ‘wasting’. Quienes hicieron la traducción asociaron que como la pérdida de peso es repentina, la talla corta obedece a desnutrición de largo plazo. Entonces le pusieron desnutrición crónica. Pero eso genera un problema porque se piensa: está flaco, hay que darle de comer. Al darle de comer el niño se pone obeso, pero la talla no se recupera. Hay que evitar el retardo del crecimiento, que afecta al desarrollo cognitivo. ¿Cómo la lactancia exclusiva en los primeros meses puede evitarlo? Porque reduce el riesgo de anemia. Antes se acostumbraba a introducir leche de vaca en esta fase. Pero para explicarlo gráficamente, su molécula es del tamaño de un balón de baloncesto y la de la leche humana es del porte de una canica.

Esto produce microsangrados, que pueden causar anemia por deficiencia de hierro, un problema que afecta a toda la región. ¿De qué forma la lactancia protege al niño de problemas futuros, como la obesidad y la diabetes? Por ejemplo, la leche humana tiene más colesterol. Y ese colesterol en exceso hace que el niño aprenda a manejarlo. Así, cuando llega a su etapa de adulto, estudios indican que hay menos posibilidades de que desarrolle colesterol alto. Además, establece la microbiota, considerada la nueva huella digital, que tiene participación en el control de la saciedad e incluso en el posible desarrollo de cáncer. Trayectoria. Especialista en Nutrición Clínica y Bioquímica Nutricional. Magíster en Salud Pública por la Universidad Federico Villarreal (Perú). Su pensamiento. La Nutrición debe reforzar su enfoque científico para hacer frente a los males de la región.

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