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Gatos, perros, monos, humanos… Sea cual sea la especie, en el reino de los mamíferos, las hembras suelen vivir más que los machos.

En el caso de las aves, la situación se revierte. Pero ¿a qué se debe esto?

Un grupo de investigadores australianos asegura haber descifrado el misterio: no es una cuestión de género, sino de cromosomas.

Según un estudio publicado este miércoles en la revista científica Biology Letters, tener dos copias del mismo cromosoma está asociado con una vida útil más larga, lo que sugiere que la segunda copia ofrecería una especie de efecto protector.

Todas las células contienen cromosomas que transportan fragmentos largos de ADN. En la mayoría de las especies, los machos tienen un cromosoma sexual más pequeño que las hembras: los hombres tienen un cromosoma X y un cromosoma Y, mientras que las mujeres tienen dos X.

«El sexo con el cromosoma más pequeño realmente tiende a morir antes, en una amplia gama de especies», explica Zoe Xirocostas, coautora del estudio e investigadora de la Universidad de Nueva Gales del Sur, en Australia.

En las aves, los machos viven más tiempo en promedio, pero esto se debería a que tienen dos cromosomas Z, mientras que las aves hembras cuentan con un cromosoma Z y uno W.

229 especies estudiadas

Los resultados del estudio arrojaron que las personas con dos cromosomas del mismo sexo viven en promedio un 17,6% más que las que tienen dos cromosomas diferentes o las que solamente cuentan con uno.

Según sus autores, estos hallazgos representan «un paso crucial para descubrir los mecanismos subyacentes que afectan la longevidad» y podrían allanar el camino para encontrar «maneras de alargar la vida».

«Solo podemos esperar que podamos encontrar más respuestas a lo largo de nuestra vida», agregan.

El equipo comparó datos de cromosomas sexuales y esperanza de vida en 229 especies animales, incluyendo mamíferos, aves, peces y hasta insectos.

No se tomaron en cuenta especies hermafroditas y aquellas cuyo sexo está influenciado por las condiciones ambientales, como la tortuga verde (Chelonia mydas).

Una «copia de seguridad»

Los seres humanos tienen 23 pares de cromosomas. El par 23 es conocido como cromosoma sexual porque determina el sexo de un animal.

Pero si una mujer hereda un gen anormal en el cromosoma X de uno de los padres, tiene una copia de seguridad.

«Si tiene una copia funcional de un gen, su cuerpo lo usará automáticamente, anulando el que no funciona», asegura Xirocostas.

Por el contrario, los hombres no cuentan con esta «copia de seguridad».

Así que si heredan un gen anormal en su cromosoma sexual, estarán más expuestos a padecer enfermedades genéticas que pueden afectar su esperanza de vida.

Una esperanza de vida mayor

Las mujeres viven más que los hombres en todos los países del mundo.

Según datos publicados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en abril del año pasado muestran que las mujeres viven al menos 1,4 años más que los hombres, aunque hay regiones en las que esa diferencia supera los 3 años.

En algunos países latinoamericanos esta brecha es aún más grande.

En México, por ejemplo, la esperanza de vida al nacer de un hombre es de 74,0 años, mientras que las mujeres pueden vivir 79,2.

Y esas también cifras resaltan que la gente en países de ingresos bajos vive 18 años menos de media que aquellos que residen en países más ricos.

Por ejemplo, según cifras de la OMS, en Australia no solo se vive más sino que la brecha entre hombres y mujeres es menor. Los australianos cuentan con una esperanza de vida al nacer de 81,0 años, mientras que las féminas en ese país suelen vivir 84,8.

Otros factores también influyen

Xirocostas explica que si bien este estudio sugiere que la ausencia de un cromosoma X puede ser un factor genético que puede influir en la longevidad, existen otros factores externos que pueden intervenir de diferentes maneras, «como la depredación, los comportamientos de riesgo (…) y el acceso a una nutrición de calidad».

La investigadora señala que las diferencias genéticas son una causa parcial de la brecha en la esperanza de vida entre las mujeres y los hombres, pues los hombres también abundan en prácticas que acortan su vida útil, como buscar atención médica de manera menos frecuente que las mujeres, y fumar más que ellas.

Steven Austad, un experto en envejecimiento de la Universidad de Alabama en Birmingham, Estados Unidos, que no participó en el estudio, lo calificó como prometedor.

«Desempeña un papel en la comprensión de las diferencias sexuales cuando se habla de longevidad», le dijo Austad al diario británico The Guardian.

No obstante, el experto considera importante subrayar, como también lo hizo la autora del estudio, que la esperanza de vidano solo depende de los cromosomas sexuales.

«Hay una tendencia general, pero con numerosas excepciones», concluye.

 

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