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Desde el inicio de la pandemia de covid-19, el quiteño Nicolás Castrillón destina un tiempo para ir al hospital y retirar las medicinas de su mamá Xiomara. Ella tiene 45 años, nueve de ellos con cáncer de cuello uterino, por lo que no puede suspender el tratamiento. Al día -relata- la mujer toma tres fármacos: antidepresivos, opioides y pastillas para dormir; con ellos soporta el intenso dolor producto de la enfermedad. “Al inicio nos preocupamos porque no sabíamos cómo sería la entrega de medicamentos. Mi mamá no puede acercarse directamente a la casa de salud, porque está dentro del grupo de riesgo por el coronavirus”, cuenta el joven de 25 años. Pronto se enteró que él podía recoger los fármacos en el Hospital Carlos Andrade Marín (HCAM), del Seguro Social, en donde su madre sigue el tratamiento. Para hacerlo solo debe llevar la cédula de Xiomara y la suya para ingresar al establecimiento de salud. Luego debe acercarse al médico tratante (clínica del dolor) para que elabore la receta. Este documento es enviado a farmacia, en donde Nicolás puede retirar las medicinas. Durante esta pandemia, en esta casa de salud del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS) de Quito se han dado atenciones por medio de consulta externa, tanto presencial como de telemedicina. Producto de ellas se han entregado 8 millones de fármacos a los afiliados, entre el 1 de marzo y el 19 de agosto. La mayoría son pacientes con enfermedades crónicas o catastróficas, como diabetes, hipertensión, tiroides, VIH, trasplante de órganos y cáncer. Lo indicó Roberto Beletanga, director médico del HCAM. En marzo -señala el galeno- en consulta externa hubo un ausentismo alto. El 23% de 36 404 citas no se cumplió, porque los afiliados tenían temor al contagio o no tenían la posibilidad de movilizarse. Sin embargo, y con el cambio de semáforo a amarillo en la capital (3 de junio), las atenciones aumentaron significativamente. A julio, el 88% de 38 288 citas sí se efectuó, por lo que es uno de los meses en el que se ­realizaron más entregas de medicamentos, de forma presencial o a través de un familiar, como es el caso de Nicolás y su madre Xiomara. Los afiliados cuentan con otra opción: la entrega a domicilio. Mónica Baraja tiene 44 años y hace cuatro le diagnosticaron cáncer de útero. Al inicio de la pandemia -cuenta- ella llamó al ‘call center’ del IESS pero no le contestaban. “Estaba muy preocupada”, dice, ya que toma tres tabletas diarias y se coloca un parche de morfina cada tres días, para calmar el intenso dolor. Esta preocupación desapareció en mayo. En ese mes, una persona del ‘call center’ se comunicó con ella. Le pidió sus datos personales y la dirección de su vivienda. Una semana después, los técnicos operativos de apoyo (TOA) le llevaron un paquete con todas sus medicinas. En Pichincha, 40 personas cumplen con esta labor, es decir, son parte del equipo de TOA. Ellos han realizado 6 746 entregas domiciliarias de fármacos, como antihipertensivos y antidiabéticos. También han acudido a las viviendas de pacientes con patologías catastróficas -como Mónica- o de quienes han recibido trasplantes de órganos, según información proporcionada por el IESS. Para acceder a esta modalidad, el paciente puede llamar por teléfono para solicitar la entrega domiciliaria; o también se gestiona en la unidad de salud. En estos espacios se dispone de la lista de pacientes crónicos, quienes siguen sus tratamientos mensuales o trimestrales. La dotación de fórmulas es tramitada en la farmacia de cada establecimiento, en un lapso de 24 a 48 horas. En el Centro Médico La Mariscal estos procesos se han cumplido de forma normal. Unos han retirado personalmente, por medio de un familiar y otros han accedido al servicio a domicilio. En total se han realizado 3 500 entregas: 500 han sido bajo la segunda modalidad, explicó Eduardo González, director médico. “Los TOA han dado medicinas a pacientes con diabetes, hipertensión, tiroides y otras”. Grace Cajas es parte de este equipo. Tiene 48 años y hace uno labora en el IESS. A las 07:00 comienza su jornada. Primero acude a la farmacia para recoger los productos. En algunos casos también llama para conocer los requerimientos de los pacientes. “Cuando llegamos a las casas, los afiliados se ponen contentos y nos agradecen. Algunos no pueden movilizarse o no reciben ayuda de sus familiares, por lo que les brindamos una gran ayuda”. Pero, también, hay pacientes que no han recibido las medicinas. Eso se debe -según el IESS- a que los afiliados no colocaron sus datos correctamente, es decir, constan números telefónicos o direcciones erradas; lo que dificulta el contacto con los usuarios. Otra de las razones es la falta de fármacos en las unidades médicas. El HCAM, por ejemplo, tiene el 92% de abastecimiento. “En algunos casos la falencia está en los proveedores, que por la situación actual no han podido importar las fórmulas a tiempo”, comenta Beletanga.


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