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Pavo y chancho horneado, la tradición que mueve negocios

El ajetreo en el horno del local El Sabrosón empezó desde temprano. Los trabajadores tenían previsto atender al público hasta las 21:00 del lunes.

Vicente Doinane estuvo alrededor de las 09:20 del lunes en el local de El Sanduchón, en Colombia y Los Ríos, para comprar un pavo de 22 libras que tenía previsto compartir con su familia a manera de cena por Navidad, festividad que el mundo católico recuerda este martes.

A esa hora en ese local ya había más de una decena de clientes a la espera de que le despachen piernas de chancho hornado o pavos. La demanda en este y otros negocios de igual naturaleza es común en las épocas de Navidad y Año Nuevo.

Los alimentos preparados son una alternativa para las familias que quieren evitar el trajín de preparar la cena.

“He gastado $ 69,50 y ya me llevo listo el pavito para que mi doña no se mate cocinando todo el día”, dijo con una carcajada Doinane, mientras le entregaban el pavo en un recipiente de loza que él mismo llevo de su casa.

En los exteriores de El Sanduchón Jazmín Quinde se ubicó con una mesa de madera para ofrecer fundas de mote y haba cocinadas a $ 1. También vendió maíz tostado y fundas de chifle a $ 0,50.

“Ya tengo como cinco años que vendo aquí, la gente sí compra en las funditas viene casi una libra, tranquilamente alcanza para una familia pequeña”, comentó la mujer.

El Sabrosón, en Bolivia y Los Ríos, fue otro de los locales de venta de sánduches de chancho y pavo que recibió desde temprano a la clientela.

Kimberly Correa llegó allí a las 09:00, desde la cooperativa Juan Montalvo, en el noroeste de la ciudad. “Es mejor venir tempranito, porque después en la tarde es más complicado llega bastante gente”, dijo.

Ella compró una pierna de chancho de 16 libras y mencionó que compartitía la cena con unas 20 personas, entre ellas, su esposo, suegra e hijos.

Gustavo Peralta, propietario de El Sabrosón, mencionó que tenían previsto vender unas 300 piernas de cerdo y unos 250 pavos. Todo, agregó, cocinado en hornos de leña.

El hombre vendió tanto la libra de chancho como la de pavo en $ 3,10. Tuvo perniles de entre 15 y 30 libras y pavos de similar peso.

Alrededor de dicho local hubo varios vendedores ambulantes que ofrecieron el tradicional relleno para la cena.

Humberto Guerrero se estacionó en su automóvil al frente del local y ofreció tarrinas de litro a $ 10, preparadas por su esposa que lo acompañó en la jornada en la que preveían entregar unas 50 porciones.

Y a más de las sanducherías, en las esquinas de ciertas calles hubo vendedores ambulantes que se instalaron con mesas y vitrinas para promocionar perniles y pavos cocinados.

Las conocidas cadenas de venta de pollos a la brasa también tuvieron una alta concurrencia. En las calles 13 y Medardo Ángel Silva, los clientes llegaron al mediodía.

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