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La bacteria Yersinia pestis fue la causa de la peste negra, la epidemia de peste bubónica que mató a 25 millones de personas en Europa a finales del siglo XIV. Hoy en día, solo unas 7 personas al año se infectan con ella en Estados Unidos.
Esa bacteria vive en el suelo, es atrapada por las pulgas que habitan en roedores e infecta a otros animales en su ascenso por la cadena alimentaria. Un nuevo estudio muestra cuán flexible y peligroso es el patógeno en diferentes huéspedes.
Una investigación de nueve años de los pumas en el Parque Nacional de Yellowstone en EE.UU. descubrió que casi la mitad de los grandes felinos analizados estuvieron infectados con la bacteria en algún momento, según un artículo publicado el mes pasado en la revista Environmental Conservation.
Los investigadores encontraron a las primeras víctimas felinas de la peste a mediados del invierno en 2006. El collar de rastreo, colocado en un puma, envió una alerta de que el animal no se había movido en ocho horas. El puma, llamado F018, fue hallado muerto con su cachorro de tres meses también muerto a su lado.
«Todos asumieron que era hambre», explicó a National Geographic el director del programa de pumas de la organización de conservación de gatos monteses Panthera, Mark Elbroch. Pero el análisis de muestras de tejido reveló la verdadera causa de muerte: la peste.
En busca de la bacteria y anticuerpos
Durante casi una década, entre 2005 y 2014, los investigadores revisaron 28 pumas en busca de signos de Yersinia pestis. Once de los felinos fueron encontrados después de su muerte, y cuatro de ellos, incluidos los dos hallados en 2006, murieron a causa de la peste. Los investigadores extrajeron sangre de otros 17 pumas y analizaron las muestras en busca de anticuerpos. Ocho de las 17 pruebas dieron positivo.
En total, alrededor del 43 % de los pumas estudiados sufrieron infecciones por Yersinia pestis. Uno de los pumas en el estudio, denominado M21, fue probado cuatro veces en un período de cinco años. Las dos primeras pruebas fueron negativas, pero la tercera fue positiva, lo que significaba que M21 había combatido una infección de peste. Un año después, otra prueba resultó negativa: los anticuerpos se habían desvanecido.
Los investigadores no encontraron una conexión entre la edad o el sexo de los grandes felinos y su probabilidad de contraer la peste, lo que generó preguntas para futuras investigaciones. Es posible que la bacteria llegue a los pumas a través de sus presas.

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