Salud

Inicio Salud

Indígenas sufren por agua, en medio de emergencia sanitaria, tras derrame de crudo en la Amazonía

Decenas de comunidades indígenas de la Amazonía ecuatoriana demandan atención de autoridades y empresas petroleras para sobrellevar la contaminación de tres ríos que les proveen de agua y pesca a causa de un derrame de crudo en plena pandemia. Un derrumbe el pasado 7 de abril destruyó tres ductos, provocando la fuga de unos 15 000 barriles de petróleo y combustibles, según cifras oficiales, que se vertieron en ríos como el Napo, uno de los principales afluentes del Amazonas. “Las familias, los abuelitos, las mujeres que están en las riberas están escasos de comida, no tienen dónde bañar, no tienen de dónde coger agua para beber”, dijo por teléfono a la AFP Marcia Andi, presidenta la comuna kichwa Mushuk Llacta, en la provincia petrolera de Orellana (este y fronteriza con Perú). De acuerdo con María Espinosa, abogada de la ONG Amazon Frontlines que acompaña a los indígenas amazónicos, unos 27 000 personas de la nacionalidad kichwa y shuar asentados en las riberas de los ríos Coca y Napo, el cual atraviesa territorio peruano, se vieron afectados por la contaminación, que casi un mes después aún persiste.

La estatal Petroecuador, a cargo del oleoducto que transporta 360 000 barriles por día (bd) y que ya fue reparado, estableció que resultaron perjudicadas 59 comunidades, a las que atiende con la provisión de agua embotellada. La entidad, acusada de no haber alertado a tiempo sobre el derrame, entregó en abril casi medio millón de litros de agua. Además, realiza una remediación ambiental que se extenderá hasta julio y que incluye al río Quijos, otro de los afectados. La fuga de crudo aguas arriba del río Coca se produjo en medio de la emergencia por el coronavirus, que ha convertido a Ecuador en una de sus mayores víctimas en Latinoamérica con cerca de 32 000 casos, incluidos más de 1 500 muertos.

Peces muertos La crisis sanitaria llevó a las autoridades a suspender desde hace ocho semanas el trabajo presencial y las clases e implantar el toque de queda de 15 horas diarias para obligar al confinamiento. “No salíamos al pueblo, estábamos alimentándonos del río con los peces que podíamos coger (…) y nos cae este derrame de crudo”, lamentó Luis Salazar, de la aldea kichwa de Amarunmesa. Tras detectar las negras y aceitosas manchas de crudo en el río Coca, Holger Gallo, presidente de la comunidad kichwa Panduyaku, anticipó en abril que pobladores “encontraron peces muertos, lo que hace prever que la fauna acuática del río fue exterminada”, sin que hasta ahora haya un pronunciamiento oficial al respecto. Líderes indígenas de la Amazonía pidieron hace una semana ayuda internacional humanitaria ante a la poca asistencia que reciben de los gobiernos de la región en medio de la expansión de la covid-19.

Frente a la afectación, incluso a la salud de personas, las comunidades interpusieron ante un tribunal amazónico una acción de protección contra el Estado y las empresas operadoras de los ductos como la privada OCP, que administra otra tubería para 180.000 bd y cuyo arreglo aún está inconcluso. Los perjudicados demandan “ que se generen medidas inmediatas para garantizar que la gente (afectada) tenga abastecimiento de agua, de comida y acceso a salud ” , señaló Espinosa a la AFP .

Consideró que la respuesta que están dando las empresas y el Estado ante la emergencia “ no resulta ni suficiente, ni eficaz, ni culturalmente idónea ” . Andi apuntó por su lado que el agua en bidones que reciben por ahora de las petroleras es insuficiente porque las familias de su poblado “ son numerosas ” . En Mushuc Llacta, la gente se ayuda entre sí compartiendo alimentos de cultivos que están lejos de las riberas del río y que no han sido contaminados, relató. Ahora “ esperamos que nos escuchen por lo menos, que los derechos sean remediados por este tema de la contaminación ” del río, expresó Andi.

Nuevos síntomas que los CDC de EE.UU. agregaron a la lista para la covid-19

0

Desde que se detectó por primera vez el brote de SARS-CoV-2 en diciembre en China, los principales síntomas que se le atribuían a la enfermedad que provoca, la covid-19, fueron tos seca persistente, fiebre y cansancio.

Sin embargo, con el correr de los meses y la rápida propagación del virus, del que hasta este martes 28 de abril se habían confirmado más de 3 millones de contagios en todo el mundo, ha llevado a que se describan nuevos síntomas.

En vista de las observaciones hechas por médicos de distintos países que tratan a diario casos de covid-19 y numerosos estudios internacionales recientes (aunque aún no revisados por colegas), los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés) decidieron incluir seis nuevos síntomas en la lista de los que se atribuye a esta enfermedad.

A los ya conocidos de tos, fiebre y fatiga, el CDC añade:

  • Escalofríos
  • Temblores y escalofríos que no ceden
  • Dolor muscular
  • Dolor de cabeza
  • Dolor de garganta
  • Pérdida reciente del olfato o el gusto

Estos síntomas sumados a los clásicos (no todos necesariamente, sino una combinación de ellos) pueden manifestarse entre dos y 14 días después de haber estado expuesto al virus, señala la página de la agencia federal estadounidense.

Expandir la lista, coinciden algunos expertos, servirá para determinar qué personas necesitan ser sometidas a una prueba para determinar si tienen o no el virus y también para entender mejor cuándo uno debe aislarse por sospecha de infección.

OMS mantiene su posición

En este punto es importante recalcar que la Organización Mundial de la Salud (OMS) no ha modificado su lista de síntomas.

La OMS destaca la fiebre, la tos seca y el cansancio como los principales formas en que se manifiesta la enfermedad, y añade que algunos pacientes pueden experimentar dolores corporales, congestión nasal, dolor de garganta o diarrea.

La página de la OMS agrega que estos síntomas son por lo general leves y comienzan de forma gradual.

Si bien la descripción de síntomas difiere entre las dos organizaciones, ambas coinciden en cuándo se debe buscar ayuda médica de emergencia.

Esto debe hacerse, dicen, cuando el paciente tiene dificultades para respirar, o presión o dolor en el pecho.

Si los síntomas son leves, no se requiere generalmente de atención médica.

La recomendación es permanecer en la casa, aislarse y monitorear los síntomas.

 

Guillermo Lasso dice que al Gobierno de Ecuador le faltó liderazgo para enfrentar la crisis del covid-19

0

El llamado a la unidad de todas las fuerzas políticas efectuado por el Presidente de la República, Lenín Moreno, al parecer aún no se concreta. Al menos así lo asegura el líder del movimiento Creo y excandidato a la Presidencia, Guillermo Lasso. En una entrevista efectuada este miércoles, 22 de abril del 2020, el empresario criticó la falta de “liderazgo del Gobierno”. Además, apuntó que varios actores políticos han ofrecido la alternativa de la unidad, pero que el régimen “no la toma”. El líder de Creo y precandidato a la presidencia en el 2021, reiteró la invitación para dialogar y cristalizar acuerdos. “Son nombres, son apellidos, es en un lugar de reunión, ahora digital en Zoom, con una agenda previa y con un compromiso frente al país, no levantarnos de esa mesa hasta llegar a acuerdos definitivos, que beneficien, que busquen, que encuentren una salida al país”, comentó. Lasso pidió a la clase política y a la Asamblea Nacional “mantener una actitud de serenidad y de madurez” para enfrentar la crisis que enfrenta el Ecuador, a causa del covid-19 y el desplome del precio del petróleo. “Salvar vidas, salvar empleos, y salvar economía es una responsabilidad de todos los actores políticos, económicos y sociales del Ecuador, para que las próximas generaciones nos digan, actuaron con responsabilidad, y no digan que irresponsabilidad, que le dieron la espalda al país”, manifestó.

Tomografías sirven para evaluar daños causados en el pulmón por el covid-19

0

Para sortear la dificultad de contar con un test que confirme o descarte covid-19, médicos realizan una tomografía a pacientes con alta sospecha de contagio. Así evalúan la afectación en sus pulmones. En menos de dos horas ya pueden tratar, mientras que el resultado de una prueba puede tardar más de una semana, por la dificultad para procesarlas. Hasta el último informe publicado ayer, se han tomado 33 389 muestras. De ellas, 10 398 dieron positivo. Se esperan los resultados de 12 909. El presidente Lenín Moreno pidió el lunes al ministro de Salud, Juan Carlos Zevallos, que se procesen los 12 500 tests pendientes. Además, médicos dicen que hay déficit de test. En hospitales de Quito se hace una tomografía para evaluar el daño que el virus ha causado en los pulmones. Estas lesiones, explican los galenos, son similares a las manchas que se observan en un vidrio empañado. Si hay demasiadas, detallan especialistas, significa que la infección o inflamación ha avanzado y que el paciente requiere tratamiento urgente. En el Hospital Quito Sur, del Seguro Social, encargado de la atención a pacientes con esta enfermedad, se implementó un software para el diagnóstico. Es una tomografía con 28 cortes de este órgano. Hugo Espejo, subdirector de medicina crítica, destacó la importancia de contar con ese software que agiliza la obtención del resultado con una efectividad del 96%. La herramienta viene con 4 000 modelos de tomografías de extranjeros contagiados, con ellas se buscan “patrones de coincidencia”. Esta técnica de imagen permite una actuación rápida, en casos seleccionados. Pero hay centros que no cuentan con los equipos, lamenta María Belén Noboa. Ella es miembro de la Sociedad Nacional de Neumología del Ecuador. “En algunas casas de salud hay entre uno y dos. Este número no es suficiente, ya que cada equipo necesita de una desinfección profunda entre paciente y paciente”, señala. Los primeros días de marzo, el médico y salubrista de la UDLA, Esteban Ortiz, alertó sobre la falta de tomógrafos en hospitales como el Eugenio Espejo. En esa época ya comentaba sobre su importancia en la emergencia sanitaria. En China, por ejemplo, debido al alto número de casos con sospecha y a la demora en la entrega de resultados de las pruebas se optó por la tomografía. Con esta -más síntomas como fiebre mayor a 38 grados, tos seca y problemas respiratorios- se pudo detectar de ­forma más rápida. En Wuhan, donde surgió la nueva cepa de coronavirus, se probaron varias técnicas de imagen: radiografía, ecografía y tomografía; siendo esta última la más específica. “Un diagnóstico temprano de covid-19 es crucial para la atención y control de la enfermedad; comparado con el RT-PCR (pruebas de diagnóstico), las tomografías pueden ser un método más confiable, rápido y práctico para detectar y tratar”. Esta conclusión consta en un estudio elaborado en febrero por expertos del Hospital Tongji, en la provincia china de Hubei. En Argentina, sin embargo, no se recomienda la radiografía, principalmente en quienes son asintomáticos o con síntomas leves, ya que sus resultados serán normales, según Ricardo García Mónaco, presidente de la Sociedad de Radiología de Argentina, citado por el medio Infobae. En clínicas privadas de Ecuador también se practican tomografías. El galeno Carlos Nieto, especialista en medicina interna del Hospital Metropolitano, reconoció que ante la demora en la entrega de resultados, se las realizan a quienes tienen alta sospecha. Si no lo hiciéramos -alerta- su salud podría complicarse. “Es un soporte adecuado y necesario para una persona con una sospecha alta de covid-19”. En la guía denominada ‘Manejo clínico de la infección respiratoria aguda grave presuntamente causada por el nuevo coronavirus’, publicada por el Ministerio de Salud, constan las tres técnicas de imagen para detectar el síndrome de dificultad respiratoria aguda en aquellos pacientes con síntomas graves o neumonía.

Las teorías de por qué la covid-19 puede llegar a causar la muerte de pacientes jóvenes y aparentemente sanos

0

La severidad de los síntomas de la covi-19, la enfermedad que causa el coronavirus SARS-CoV-2, varía enormemente de caso en caso.

Mientras que el 80% de los contagiados experimenta síntomas leves similares a los de una gripe común o no presenta sínmtomas, en el otro extremo del espectro, hay quienes acaban con neumonía y conectados a un respirador en la unidad de cuidados intensivos, donde el pronóstico no siempre es optimista.

Los casos más críticos se dan generalmente en personas mayores o con condiciones de salud previas, como hipertensión, diabetes o enfermedades coronarias, entre otras.

Sin embargo, día a día, se reportan casos fatales donde las víctimas son hombres y mujeres jóvenes aparentemente sanos e incluso niños.

¿Por qué? ¿Cómo se explica que estas personas que no están dentro de la categoría de las más vulnerables se enfermen gravemente o mueran por covid-19?

“Esa es la pregunta del millón de dólares”, le dice a BBC Mundo Michael Snyder, profesor y director del Departamento de Genética de la Universidad de Stanford, en Estados Unidos, por lo difícil que es hallar una respuesta.

Pero aunque resolver este enigma no sea una tarea fácil, científicos sospechan por dónde puede venir la respuesta (multifactorial, según dicen), y han comenzado a seguir distintas líneas de investigación para arrojar luz sobre este misterio.

Entender por qué personas que no son evidentemente vulnerables sucumben a la enfermedad, aseguran, permitirá identificar a aquellos que corren más riesgos, diseñar nuevos y efectivos tratamientos —incluida una vacuna— y aprovechar fármacos ya existentes

La hipótesis genética

Una de las teorías que se ha propuesto y que está ganando peso es la de la predisposición genética.

Esta se basa en la idea de que nuestras propias particularidades genéticas podrían influir en la virulencia con la que el virus afecta nuestro cuerpo.

“No se trata de una idea nueva. Por estudios en los que se comparan mellizos y gemelos, sabemos que la susceptibilidad a las grandes enfermedades infecciosas en el mundo como la tuberculosis, la hepatitis o la malaria, varía en parte según las características genéticas”, le explica a BBC Mundo Stephen Chapman, especialista en enfermedades respiratorias e investigador de Genética Humana del Wellcome Trust Centre de la Universidad de Oxford, en Reino Unido.

Un ejemplo que varios científicos, incluido Chapman, utilizan para explicar el peso de la genética, es el del virus herpes simple.

Este es un virus muy distribuido en la población que puede causar infecciones en forma de ampollas en la boca o en la cara, si es de un tipo, o llagas en los genitales, si es de otro.

“La gran mayoría de las personas expuestas al virus no se se enferman de gravedad, pero una pequeña minoría con una única mutación genética, desarrolla encefalitis herpética (inflamación del cerebro), que puede ser fatal”, señala Chapman.

Una mutación similar, dice, podría explicar los casos severos de covid-19 en gente joven.

Un gen de particular interés es el que codifica al receptor ACE2 (la enzima convertidora de angiotensina 2 de la proteína de superficie celular).

Este receptor se encuentra en la superficie de las células del pulmón y otras partes del cuerpo, y es la puerta de entrada que el virus utiliza para invadir las células de las vías respiratorias y empezar a replicarse.

El gen que codifica este receptor es polimórfico: es decir, tiene una serie de variantes comunes distribuidas en la población.

“La hipótesis es que si tienes tienes una variante en particular, eso puede hacer que al virus le resulte más fácil o más difícil entrar a la célula, por tanto puede hacerte más vulnerable o más resistente a la enfermedad”, explica el experto.

En opinión de Jean-Laurent Casanova, profesor e investigador de la Universidad Rockefeller en Nueva York, EE.UU., estas variaciones genéticas (o, como las llama, errores congénitos), “pueden estar latentes por décadas, hasta que se produce una infección por un microbio en particular”.

Por ello, su laboratorio está investigando ahora si esto es lo que está ocurriendo con el nuevo coronavirus.

Chapman cree que la vulnerabilidad dependerá probablemente no de la variedad de un gen sino de varios genes, sumada a factores adquiridos a lo largo de la vida.

Estas variaciones, acota, podrían estar localizadas sobre todo en genes vinculados a la respuesta inmunológica.

El cromosoma X

Otro aspecto interesante, dice el investigador, es si hay genes dentro del cromosoma X que influyen en la respuesta a la enfermedad, en virtud de que los hombres parecen más afectados por el nuevo coronavirus que las mujeres.

Una de las explicaciones que se han dado en un estudio llevado a cabo en China, es que esto puede deberse a que tienen hábitos de vida más riesgosos vinculados al tabaco y el alcohol.

Sin embargo, “otra posibilidad es que haya un componente genético, ya que hay muchos genes de la inmunidad que están en el cromosoma X”, dice Chapman.

“Si hay muchos polimorfismos o una mutación rara en los genes del cromosoma X, como los hombres tienen uno, mientras que las mujeres dos, eso los haría más vulnerables”.

Tormenta de citocinas

En algunos pacientes con la forma más severa de covid-19 se produce lo que se conoce como “tormenta de citocinas”.

Las citocinas (o citoquinas) son sustancias muy agresivas que el sistema inmune excreta para atacar al virus.

Pero cuando el sistema inmune se activa en exceso, esta proliferación de citocinas acaba atacando múltiples órganos incluidos los pulmones y el riñón, y este daño puede resultar en la muerte del paciente.

De acuerdo a Randy Cron, experto de la Universidad de Alabama, en EE.UU., este descontrol ocurre al menos en el 15% de las personas que luchan contra cualquier infección severa.

No se sabe exactamente por qué el sistema inmune reacciona en algunas personas de esta forma, pero la respuesta podría también estar en los genes.

“Sabemos que hay muchos polimorfismos comunes y mutaciones raras en los genes que controlan el sistema inmunitario”, señala Chapman.

“Por eso algunos pacientes que mueren podrían tener polimorfismos o mutaciones que los predisponen a una respuesta inflamatoria más excesiva”.

Como genetista, Michael Snyder, no desestima en absoluto la importancia de los genes, pero cree que, en este caso, hay otro factor que podría tener más peso y que es ambiental: el contacto previo con otro coronavirus.

Exposición a otro coronavirus

“Es muy probable que en estos casos”, le dice Snyder a BBC Mundo, “haya algo que esté sensibilizando al sistema inmunitario”.

Su sospecha apunta a “otro coronavirus que está circulando y del que no se ha hablado mucho, llamado HCoV-229E, y que produce resfriado común”.

“No sabemos si el haberse infectado previamente con este resfriado común (que obviamente no es tan severo como la covid-19) puede hacerte más inmune o todo lo contrario, más hipersensible”, dice el experto.

“Pero creo que puede tener, para un lado o para otro, un efecto muy fuerte”, añade.

“Es posible que mucha gente haya sido infectada en años recientes (con ese coronavirus) y no lo sepa, porque lo desestimaron como un simple resfriado”.

Carga viral

Otra casusa de la severidad de algunos casos puede ser la carga viral en el momento de la exposición al virus.

“Sabemos, por estudios llevados a cabo en China, que quienes cuidan de pacientes con covid-19 son más susceptibles que otros porque, probablemente, están expuestos al virus todos los días, todo el día, durante sus horas de trabajo”, le explica a BBC Mundo Alice Sinclair, viróloga de la Universidad de Sussex, en Reino Unido.

“Pero lo que no sabemos es si eso es por la cantidad absoluta de virus a la que están expuestos o el número de encuentros que han tenido con este”.

“En términos de carga viral, cuanta más exposición tengas, más oportunidad tendrá el virus de infectar tus células donde puede replicarse”, agrega.

La respuesta no es concluyente, entre otras cosas, por lo que se ha descubierto recientemente sobre la carga viral del nuevo coronavirus, como por ejemplo que una persona asintomática puede producir una gran cantidad de virus.

Es decir, uno puede tener una gran carga viral y no estar severamente enfermo o siquiera tener síntomas.

Por eso mantener la distancia social es una de las medidas que más enfatizan tanto gobiernos como profesionales de la salud para evitar la propagación del virus, dice la investigadora.

Por último, y más allá del huésped, la gravedad de la enfermedad podría depender no solo del huésped, sino también del virus mismo, señalan los expertos consultados por BBC Mundo.

Los virus están en mutación constante y es posible que haya una cepa más virulenta que otra, aunque aún no se ha podido determinar si este es el caso para el SARS-CoV-2.

 

¿Cuánto tiempo lleva recuperarse de la covid-19?

0

El nuevo coronavirus surgió apenas a finales de 2019, pero ya hay signos de que algunos pacientes pueden tardar mucho tiempo en recuperarse completamente.

El tiempo de convalecencia dependerá, en primer lugar, de qué tan graves sean los síntomas. Algunas personas pasarán la enfermedad rápidamente, pero a otras la covid-19 podría dejarles problemas duraderos.

La edad, el género y padecer otros problemas de salud aumentan el riesgo de enfermarse más gravemente a causa del nuevo virus.

Cuanto más invasivo sea el tratamiento que reciba, y cuanto más tiempo dure, más tardará un paciente en restablecerse.

¿Qué ocurre si solo tengo síntomas leves?

La mayoría de las personas contagiadas con el nuevo coronavirus desarrollarán solo los síntomas principales: tos o fiebre. Pero también podrían experimentar dolores en el cuerpo, fatiga, dolor de garganta y de cabeza.

La tos es inicialmente seca, pero algunas personas eventualmente comenzarán a toser con mucosidad que contiene células pulmonares muertas, destruidas por el virus.

 

Estos síntomas se tratan con reposo en cama, muchos líquidos y fármacos para aliviar el dolor, como el paracetamol.

Las personas con síntomas leves probablemente se recuperen bien y rápidamente.

La fiebre debería calmarse en menos de una semana, aunque la tos pueda persistir.

Un análisis realizado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) a partir de datos de China dice que a los pacientes les toma dos semanas en promedio recuperarse.

¿Qué pasa si tengo síntomas más graves?

La enfermedad puede volverse mucho más grave para algunos. Esto tiende a suceder entre siete y 10 días después de la infección.

La transformación puede ser repentina. La respiración se vuelve difícil y los pulmones se inflaman.

Esto se debe a que, aunque el sistema inmunitario del cuerpo está tratando de defenderse, en realidad está reaccionando de forma exagerada y el cuerpo experimenta daños colaterales.

Algunas personas necesitarán estar en el hospital para recibir oxigenoterapia.

«Recuperarse de la dificultad para respirar puede tomar un tiempo considerable… el cuerpo está superando las cicatrices y la inflamación», dice la doctora Sarah Jarvis.

Agrega que curarse podría tomar de dos a ocho semanas, aunque el cansancio persista durante más tiempo.

¿Qué ocurre si necesito cuidados intensivos?

La OMS estima que una de cada 20 personas necesitará un tratamiento de cuidados intensivos, lo que puede incluir ser sedada y necesitar un respirador.

Toma tiempo recuperarse del paso por una unidad de cuidados intensivos (UCI), sin importar cuál sea la enfermedad por la que se haya ingresado. Por ello, los pacientes son trasladados a una planta regular antes de ser dados de alta.

La doctora Alison Pittard, decana de la Facultad de Medicina de Cuidados Intensivos de Reino Unido, dice que puede tomar de 12 a 18 meses volver a la normalidad después de cualquier período bajo cuidados críticos.

Pasar mucho tiempo en una cama de hospital conduce a la pérdida de masa muscular.

Como consecuencia, los pacientes estarán débiles y los músculos tardarán un tiempo en desarrollarse nuevamente. Algunas personas incluso necesitarán fisioterapia para volver a caminar.

Debido a lo que el cuerpo atraviesa en la UCI, también existe la posibilidad de delirio y trastornos psicológicos.

«Parece haber un elemento adicional con esta enfermedad: la fatiga viral es definitivamente un factor enorme», dice Paul Twose, fisioterapeuta de cuidados críticos de la Universidad de Cardiff y Vale.

Ha habido reportes de China e Italia de pacientes con debilidad en todo el cuerpo, falta de aliento de hacer un esfuerzo, sea del nivel que sea, tos persistente y respiración irregular.

Algunos necesitan, además, muchas horas de sueño.

«Sabemos que los pacientes tardan un tiempo considerable, potencialmente meses, en recuperarse».

«Pero es difícil generalizar. Algunas personas pasan períodos relativamente cortos en cuidados críticos, mientras que otras reciben respiración asistida durante semanas».

Mapa del coronavirus: propagación global, 20 de abril de 2020

Esta visualización se basa en datos periódicos de la Universidad Johns Hopkins y puede que no refleje la información más actualizada de cada país.

¿Afectará el coronavirus a mi salud a largo plazo?

No lo sabemos con certeza, ya que no hay datos a largo plazo, pero podemos observar lo que ocurre con otras enfermedades.

«Hay evidencia realmente firme de que, incluso cinco años después (de haber pasado por cuidados intensivos), las personas pueden tener dificultades físicas y psicológicas», dice Twose.

El doctor James Gill, profesor de la Escuela de Medicina de Warwick, en Inglaterra, agrega que las personas también necesitan apoyo de salud mental para mejorar su recuperación.

«El trastorno de estrés postraumático en estos pacientes más graves no es sorprendente. Habrá cicatrices psicológicas significativas para muchos».

Existe la posibilidad de que incluso algunos casos leves puedan dejar a los pacientes con problemas de salud a largo plazo, como la fatiga.

¿Cuántas personas se han recuperado?

Obtener una cifra precisa es difícil.

La Universidad Johns Hopkins reporta que hasta el 18 de abril más de 577.000 personas se habían recuperado de los más de dos millones de infectados.

Pero los países usan diferentes métodos de registro. Algunos no publican cifras de recuperación y se pasan por alto muchas infecciones leves.

Los modelos matemáticos estiman que entre el 99 y el 99,5% de las personas se recuperan.

¿Puedo contraer el nuevo coronavirus otra vez?

Ha habido mucha especulación, pero poca evidencia, sobre cuán duradera es la inmunización ante el nuevo coronaviru.

Si los pacientes han superado el virus, deben haber desarrollado una respuesta inmune.

Los reportes de pacientes infectados dos veces pueden deberse a pruebas que registraron incorrectamente que ya estaban libres del virus.

La cuestión de la inmunidad es vital para entender si las personas pueden volver a infectarse y qué tan efectiva puede ser una vacuna.

 

El miedo a la enfermedad covid-19 está cambiando nuestra psicología

0

Es muy extraño que la amenaza de una enfermedad ocupe gran parte de nuestro pensamiento como sucede en estos días.
Durante semanas, casi todos los medios tienen historias sobre la pandemia del nuevo coronavirus.
Los programas de radio y televisión tienen cobertura ininterrumpida sobre las últimas cifras de muerte y, dependiendo de a quién sigas, las plataformas de redes sociales están llenas de estadísticas aterradoras, consejos prácticos o humor negro.
Este bombardeo constante de información puede provocar una mayor ansiedad, con efectos inmediatos en nuestra salud mental. Pero el sentimiento constante de amenaza puede tener otros efectos más traicioneros en nuestra psicología.
Debido a algunas respuestas a las enfermedades que fueron evolucionando con los siglos, el miedo al contagio nos lleva a ser más conformistas y primitivos, y menos receptivos a la excentricidad.
Nuestros juicios morales y actitudes sociales más conservadoras se vuelven más estrictas cuando consideramos temas como la inmigración o la libertad e igualdad sexual.
Los recordatorios diarios de enfermedades pueden incluso influir en nuestras afiliaciones políticas.
Los recientes informes de aumento de xenofobia y racismo pueden ser el primer signo de esto, pero si las predicciones de la investigación científica son correctas, pueden reflejar cambios sociales y psicológicos mucho más profundos.
Sistema inmunológico conductual
Como gran parte de la psicología humana, estas respuestas a la enfermedad deben entenderse en el contexto de la prehistoria.
Antes del nacimiento de la medicina moderna, es muy probable que las enfermedades infecciosas fueran una de las mayores amenazas para nuestra supervivencia.
El sistema inmune tiene algunos mecanismos sorprendentes para cazar y matar a esos invasores patógenos.
Desafortunadamente, estas reacciones nos dejan sintiéndonos con sueño y sin energía, lo que significa que nuestros antepasados enfermos no habrían podido realizar actividades esenciales, como la caza, la recolección o la crianza de los hijos.

Estar enfermo también es fisiológicamente costoso.
El aumento de la temperatura corporal durante la fiebre, por ejemplo, es esencial para una respuesta inmune efectiva, pero esto resulta en un incremento del 13% en el consumo de energía del cuerpo. Y cuando la comida escaseaba, eso habría sido una carga seria.
«Enfermarse y permitir que este maravilloso sistema inmunológico funcione es realmente costoso», dice Mark Schaller de la Universidad de Columbia Británica, en Vancouver, Canadá.
«Es como un seguro médico, es genial tenerlo, pero realmente apesta cuando tienes que usarlo».
Por lo tanto, cualquier cosa que reduzca el riesgo de infección en primer lugar debería haber ofrecido una clara ventaja de supervivencia.
Por esta razón, desarrollamos un conjunto de respuestas psicológicas inconscientes, que Schaller ha denominado el «sistema inmunológico de conducta» (behavioural immune system, en inglés), para que actúen como una primera línea de defensa con el objetivo de reducir nuestro contacto con posibles patógenos.
La respuesta del sentido del gusto es uno de los componentes más obvios del sistema inmunitario de conducta.
Cuando rechazamos cosas que huelen mal o alimentos que creemos que no están limpios, intentamos instintivamente evitar el posible contagio.
La mera sugerencia de que ya hemos comido algo podrido puede llevarnos a vomitar, expulsando la comida antes de que la infección haya tenido la oportunidad de alojarse.
Investigaciones científicas sugieren también que tendemos a recordar más fuertemente el material que desencadena el asco, lo que nos permite recordar (y evitar) las situaciones que podrían ponernos en riesgo de enfermedad más adelante.
Dado que los humanos son una especie social que evolucionó para vivir en grandes grupos, el sistema inmunitario de conducta también modificó las interacciones con las personas para minimizar la propagación de una enfermedad, lo que condujo a una especie de distanciamiento social instintivo.
Estas respuestas pueden ser bastante duras, ya que nuestros antepasados no habrían entendido las causas específicas de cada enfermedad o la forma en que se transmitieron.
«El sistema inmunológico de conducta funciona con una lógica de ‘más vale prevenir que curar'», dice Lene Aarøe, de la Universidad de Aarhus, en Dinamarca.
Esto significa que las respuestas a menudo están fuera de lugar y pueden ser desencadenadas por información irrelevante, alterando nuestra toma de decisiones morales y opiniones políticas sobre temas que no tienen nada que ver con la amenaza actual.
Conformarse o irse
Varios experimentos han demostrado que nos volvemos más conformistas y respetuosos de las convenciones cuando sentimos la amenaza de una enfermedad.
Uno de ellos fue llevado a cabo por Schaller.
El especialista primero preparó a los participantes para que se sintieran amenazados por una infección, pidiéndoles que describieran un momento en que habían estado enfermos anteriormente y luego les dio varias pruebas para medir su tendencia a conformarse.
En una de ellas, propuso a los estudiantes un cambio en el sistema de calificación de la universidad y ellos debían votar colocando un centavo en un frasco marcado con la leyenda «de acuerdo» o «en desacuerdo».
Una mayor sensibilidad a la enfermedad llevó a los participantes a seguir a la mayoría y colocar su centavo en el frasco con la mayor cantidad de monedas. Fueron influenciados por la popularidad en lugar de ir contra la corriente con su propia opinión.
Cuando se les preguntó sobre el tipo de personas que les gustaban, los participantes que estaban preocupados por la enfermedad prefirieron a las personas «convencionales» o «tradicionales», y tenían menos probabilidades de sentir afinidad con las personas «creativas» o «artísticas».
Aparentemente, cualquier signo de pensamiento libre, incluso de invención e innovación, se valora menos cuando existe el riesgo de contagio.
En los cuestionarios también es más probable que estén de acuerdo con declaraciones como «romper las normas sociales puede tener consecuencias nocivas e involuntarias».
Es posible que esos resultados parezcan bastante distantes de lo que vemos hoy en la televisión y la cobertura en línea de las noticias.
Pero los investigadores de la Universidad de Hong Kong también evaluaron a personas exponiéndolas a escenas de la película «Epidemia» o «Estallido» (Outbreak, en inglés), que podrían parecerse más a algunos de los informes periodísticos actuales.
Las imágenes alusivas de una pandemia los llevaron a valorar la conformidad y la obediencia sobre la excentricidad o la rebelión.
Vigilancia moral
¿Por qué el sistema inmunológico de conducta cambiaría nuestro pensamiento de esta manera?
Schaller argumenta que muchas de nuestras reglas sociales tácitas, como las formas en que podemos y no podemos preparar alimentos, la cantidad de contacto social que se acepta y no se acepta, o cómo deshacerse de los desechos humanos, pueden ayudar a reducir el riesgo de infección.
«A lo largo de gran parte de la historia humana, muchas normas y rituales cumplen esta función de mantener a raya a las enfermedades», asegura Schaller.
«Las personas que se ajustan a esas normas prestaron servicios de salud pública, y las personas que violaron esas normas no solo se pusieron en riesgo sino que también afectaron a otros».
Como resultado, es beneficioso ser más respetuoso con la convención ante un brote contagioso.
La misma lógica puede explicar por qué nos volvemos más vigilantes moralmente en un brote.
Los estudios demostraron que cuando tememos al contagio, tendemos a ser más severos cuando juzgamos un incumplimiento de lealtad (como un empleado que habla mal de su empresa) o cuando vemos a alguien que no respeta a una autoridad (como un juez).
Claro que esos incidentes particulares no harían nada para propagar la enfermedad, pero al ignorar la convención, han dado la señal de que pueden romper otras reglas más relevantes que existen para mantener a la enfermedad lejos.
Incluso los recordatorios extremadamente sutiles sobre la enfermedad pueden dar forma a nuestros comportamientos y actitudes.
Simplemente pedirle a la gente que se pare junto a un desinfectante de manos provocó que los participantes de un estudio expresaran actitudes más conservadoras asociadas con un mayor respeto por la tradición y la convención.
En el mismo estudio, el aviso de lavarse las manos llevó a los participantes a ser más críticos con los comportamientos sexuales no convencionales.
Perdonaban menos a una mujer que les dijeron que se masturbaba mientras sostenía su osito de peluche, por ejemplo, o a una pareja que tuvo relaciones sexuales en la cama de una de sus abuelas.
Miedo a los extraños
Además de convertirnos en jueces más estrictos entre las personas dentro de nuestro grupo social, la amenaza de enfermedad también puede hacernos desconfiar más de los extraños.
Esas son malas noticias si estás empezando una relación amorosa.
Tanto en los perfiles de internet como en las reuniones cara a cara, Natsumi Sawada, de la Universidad McGill, en Canadá, descubrió que formamos peores primeras impresiones de otras personas si nos sentimos vulnerables a una enfermedad.
Otras investigaciones demostraron que las personas convencionalmente menos atractivas son juzgadas negativamente, tal vez porque confundimos sus características con un signo de mala salud.
Nuestra mayor desconfianza y sospecha también dará forma a nuestras respuestas a personas de diferentes orígenes culturales.
Según Schaller, esto puede surgir de esos temores sobre la no conformidad.
En el pasado, las personas fuera de nuestro grupo pueden haber sido menos propensas a observar las normas prescriptivas específicas que estaban destinadas a proteger a la población de la infección, por lo que temíamos que sin saberlo (o deliberadamente) propagarían la enfermedad.
Pero hoy, puede provocar prejuicios y xenofobia.
Aarøe, por ejemplo, descubrió que el miedo a la enfermedad puede influir en las actitudes de las personas hacia la inmigración.
Ella enfatiza que esto es parte del enfoque de «mejor prevenir que lamentar» del sistema inmunológico de conducta.
«Es una interpretación errónea» de señales irrelevantes que ocurre «cuando la mente evolucionada se encuentra con el multiculturalismo y la diversidad étnica de los tiempos modernos, que no fue un fenómeno recurrente durante la mayor parte de nuestra historia evolutiva», explica.
Lidiando con covid-19
La influencia del sistema inmunológico de conducta varía de un individuo a otro. No todos se verán afectados en el mismo grado.
«Algunas personas tienen un sistema inmune conductual particularmente sensible que les hace reaccionar con demasiada intensidad a las cosas que interpretan como un posible riesgo de infección», detalla Aarøe.
Según varias investigaciones, esas personas ya eran más respetuosas de las normas sociales y más desconfiadas de los extraños que la persona promedio, y una mayor amenaza de una enfermedad simplemente endurece sus posiciones.
Todavía no tenemos datos concretos sobre las formas en que el brote de coronavirus está cambiando nuestras mentes, pero la teoría del sistema inmunológico de conducta ciertamente sugeriría que es probable.
Yoel Inbar, de la Universidad de Toronto, argumenta que sería un cambio relativamente moderado en la opinión general de la población, en lugar de una gran sacudida en las actitudes sociales.
El especialista encontró evidencia de cambio social durante la epidemia de ébola de 2014, que estuvo muy presente de las noticias internacionales.
En una muestra de más de 200.000 personas, las actitudes implícitas hacia los hombres homosexuales y las lesbianas parecieron disminuir ligeramente durante el brote.
«Fue un experimento natural en el que la gente leía mucho sobre las amenazas de enfermedades, y parecía que cambió un poco las actitudes».
Con las próximas elecciones estadounidenses es natural preguntarse si algo de esto podría influir en las preferencias de las personas por diferentes candidatos o sus reacciones a ciertas políticas.
Schaller especula que podría desempeñar un papel pequeño, aunque es escéptico de que sea un factor primordial.
«Los efectos más profundos pueden no tener nada que ver con (el sistema inmunológico de conducta), sino más directamente con la percepción de qué tan bien los funcionarios del gobierno responden o no a la situación», dice.
Incluso si estos cambios psicológicos no modifican el resultado de las elecciones a nivel nacional, vale la pena considerar cómo influyen en nuestras propias reacciones personales al coronavirus.
Ya sea que expresemos una opinión conformista, juzguemos el comportamiento de otro o intentemos comprender el valor de las diferentes políticas de contención, podríamos preguntarnos si nuestros pensamientos son realmente el resultado de un razonamiento racional, o si podrían haber sido moldeados por una respuesta antigua que evolucionó milenios antes del descubrimiento de la teoría de los gérmenes.

El distanciamiento social salvó decenas de miles de vidas en 11 países europeos, según un estudio

0

Un estudio a gran escala descubrió que las medidas de atención temprana, como el distanciamiento social y las restricciones severas al movimiento de las personas, han sido críticas para frenar la propagación del coronavirus y ya han salvado decenas de miles de vidas en toda Europa.
Científicos del Imperial College London estudiaron medidas en once países europeos y concluyeron que “juntos tuvieron un impacto sustancial en la transmisión”. Estiman “que las prevenciones en los 11 países habrán evitado 59.000 muertes hasta el 31 de marzo”.
Los investigadores del Imperial College estiman que en Italia se han evitado 38.000 muertes (al 31 de marzo, es casi cuatro veces la cantidad de muertes registradas); y en España 16.000, en comparación con una situación en la que no se habían implementado restricciones.
En el caso de Italia, dicen que “a pesar de la creciente presión sobre los sistemas de salud, las intervenciones han evitado una catástrofe de atención médica”.
Los investigadores lanzaron advertencias contra las restricciones laxas y distendidas, diciendo que “se evitarán muchas más muertes asegurando que las restricciones sean severas hasta que la transmisión caiga a niveles bajos”.
El grupo del Imperial College también cree que la cantidad de casos de coronavirus identificados positivamente es probablemente mucho menor que la tasa general de infección. “Estimamos que ha habido muchas más infecciones de las que se informan actualmente”, dicen, “debido al enfoque en las pruebas en entornos hospitalarios en lugar de en la comunidad”.
En Italia, sus resultados sugieren que 5,9 millones de personas habían sido infectadas al 28 de marzo, o el 9,8% de la población. En España, creen que el 15% de la población ha sido infectada.
El estudio advierte que “muchas intervenciones solo se han producido recientemente, y sus efectos aún no se han observado completamente debido al retraso entre la infección y la muerte”. Alemania, por ejemplo, se estima que tiene una de las “tasas de ataque” más bajas en 0,7%, con 600.000 personas contagiadas. Pero está en una etapa más temprana en la propagación del coronavirus que España o Italia.
En los once países estudiados, los investigadores estiman una tasa promedio de “ataque” o infección del 4,9%, lo que según ellos implica “que las poblaciones en Europa no están cerca de la inmunidad colectiva”.
Pero llegan a una nota de esperanza en sus conclusiones, diciendo: “No podemos decir con certeza que las medidas actuales han controlado la epidemia en Europa; sin embargo, si las tendencias actuales continúan, hay motivos para el optimismo”.

Hospital italiano prueba con éxito para covid-19 fármacos contra malaria y vih

0

El hospital de Padua utilizó de manera precoz medicamentos contra el vih y la malaria en sus pacientes con coronavirus, lo que según la responsable del área de enfermedades infecciosas, Annamaria Cattelan, «puede explicar la baja mortalidad» que se registra en este centro. Cattelan, en un video en directo de Facebook, señaló que se han recetado para pacientes todavía leves combinaciones de fármacos como la cloroquina y la hidroxicloroquina, usados para tratar la malaria, o antivirales contra el vih como Lopinavir/Ritonavir o Darunavir/Cobicistat. La Agencia Italiana del Fármaco (AIFA) dio el visto bueno al uso de estos fármacos el pasado 17 de marzo de 2020, además de otros que todavía están en fase experimental como el remdesivir, utilizado durante la crisis del ébola. «Es muy pronto para dar conclusiones, pero puede que el uso precoz de estos fármacos en los pacientes tenga un papel» en la baja mortalidad de este centro, si se compara con otros hospitales del norte de Italia, ha subrayado Cattelan. La doctora recuerda también que estos medicamentos todavía no tienen detrás «estudios fiables» que los avalen, pero su uso sí está permitido en la sanidad italiana. En fase de experimentación en centros de Italia, EE.UU. y China está todavía el remdesivir, aunque Cattelan afirmó que los primeros datos de la práctica clínica muestran que «es capaz de reducir rápidamente la viremia del virus y negativizarlo». El estudio clínico en Italia se está realizando en 12 centros hospitalarios del país, aquellos con más pacientes, lo que permitirá determinar su eficacia contra el covid-19. Cattelan confía en que pronto otros medicamentos experimentales como el Tocilizumab, que trata la artirtis reumatoide, puedan estar disponible en los hospitales. El área de enfermedades infecciosas del hospital de Padua tiene unas 60 camas de las que están en uso 50, mientras que cada día acuden al centro entre 400 y 500 personas, según han detallado los responsables sanitarios en el mismo video. La provincia de Padua, en la región de Véneto, es la octava con más casos de coronavirus del país, 1 777, ya que aquí fue donde se registraron algunos de los primeros positivos de Italia y donde se encuentra el foco de V, incluido en la primera zona roja. En toda Italia hay 62 000 positivos y 8 165 fallecidos con el coronavirus.

¿Qué es la cloroquina? ¿Podría curar el coronavirus?

0

¿Podría una droga disponible desde hace años y relativamente económica ser la solución a la pandemia del nuevo coronavirus? Alrededor del mundo, los países ampliaron el acceso a la hidroxicloroquina (HCQ) y la cloroquina (CQ), dos compuestos sintéticos de la quinina, que a su vez proviene de los árboles de quina y que de usa para tratar la malaria. La HCQ es la menos tóxica de las dos y también se usa como un antinflamatorio para tratar condiciones como artritis reumatoide y lupus. Ambas dieron resultados aparentemente prometedores contra la covid-19 en estudios preliminares en China y Francia, lo que llevó al presidente estadounidense, Donald Trump, a considerarlas un “regalo divino” esta semana, incluso cuando expertos llaman a ser cautelosos mientras se realizan investigaciones más amplias. A continuación algunos datos claves. ¿Por qué podrían funcionar? China usó CQ en un ensayo con 134 pacientes en febrero, descubriendo que era efectiva para reducir la severidad de la enfermedad, según funcionarios. Pero estos resultados aún no fueron publicados. En Francia, un equipo liderado por el infectólogo Didier Raoult, en Marsella, reportó la semana pasada que había realizado un estudio con 36 pacientes con covid-19 y descubierto que la HCQ redujo considerablemente la carga viral en quienes recibieron la droga. Los efectos aumentaron especialmente cuando se usó junto a la azitromicina, un antibiótico común empleado para acabar con infecciones bacterianas secundarias. Además, se ha probado que ambos compuestos funcionan contra el virus en laboratorio. Karine Le Roch, profesora de biología celular en la Universidad de California, en Riverside, explicó que tanto la HCQ como la CQ son bases débiles que elevan el PH de partes de las células humanas llamadas orgánulos y que normalmente son ácidas. Esto interfiere con la capacidad del virus de entrar a las células -y también parece evitar que se multiplique una vez adentro. Pero, añadió: “Aunque funcionó in vitro, aún espero ver resultados publicados de grandes ensayos médicos ciegos que demuestren la eficacia de la HCQ en vivo”. Cautela Prometedor no significa comprobado y los pequeños estudios llevados a cabo hasta ahora constituyen evidencia “anecdótica”, según Anthony Fauci, jefe de enfermedades infecciosas en el estadounidense Instituto Nacional de Salud. Además, un pequeño estudio chino en 30 pacientes que también fue publicado este mes mostró que la HCQ no era mejor que el cuidado básico -de reposo en cama, fluidos, etc. La única forma de saberlo con seguridad es hacer ensayos clínicos aleatorios, aseguran los científicos, que duran meses o años e involucran a miles de pacientes frecuentemente alrededor del mundo. En ellos, los pacientes reciben al azar la droga investigada o un placebo y los estudios son “ciegos”, donde ni los participantes ni sus médicos saben qué toman. Numerosos países iniciaron ensayos médicos, incluido Estados Unidos, que comenzó uno en Nueva York esta semana. Italia realiza uno con 2 000 personas, mientras se esperan los resultados de pruebas mayores en China. Sobrevalorar una medicina puede tener además varios efectos indeseables, advierten los expertos. “Una de las consecuencias no deseadas es la escasez de drogas como la cloroquina para las personas que necesitan controlar su artritis reumatoide, por ejemplo”, dijo a la AFP Peter Pitts, excomisionado de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA). Hay mucha cautela. España anunció el lunes 23 de marzo de 2020 que “hasta nuevo aviso” los pacientes con artritis y lupus tendrán acceso prioritario a esas drogas. El ministro de Salud francés dijo en tanto que solo pueden usarse para los casos más severos de covid-19. Otro problema es que la gente se automedique. Un estadounidense murió esta semana tras ingerir una presentación de cloroquina diseñada para combatir parásitos acuáticos. Es clave tener precauciones. Alrededor de 1% de las personas tiene alto riesgo de sufrir desmayos, convulsiones o incluso muerte inminente por paro cardíaco debido a problemas del corazón de los que podrían no estar al tanto, dijo a la AFP Michael Ackerman, cardiólogo genético de Mayo Clinic.

Popular Posts

My Favorites

Desde esta mañana, 4 de las 14 unidades del tranvía participarán...

Desde hoy, los trenes ligeros recorrerán en horario normal el tramo entre el  Control Sur y el puente sobre el río Tomebamba. Esto implica...