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El Yacht Club Guayaquil cumplió 90 años

El sábado pasado se realizó la cena bailable por los 90 años del Yacht Club y se lo hizo en la sede de la ciudadela Puerto Azul, que tiene salida al estero Salado.

Carlos Pino Plaza tenía ocho años cuando ingresó como socio al Yacht Club Guayaquil, que el pasado 19 de octubre cumplió 90 años y los celebró con una gran fiesta en la sede de la ciudadela Puerto Azul.

Pino, de 91 años, y ahora socio jubilado del club, recuerda que en aquel entonces solo existía la sede en el Malecón Simón Bolívar y que muchas de las embarcaciones eran de balsa o de otras maderas.

“Íbamos los muchachos a patinar en el pasaje municipal y luego íbamos al Yacht Club a ver las regatas de velerismo que se hacían en el río Guayas”, narra con emoción.

También se lamenta con una gran sonrisa de que por su edad ya no lo dejan navegar solo.

Recuerda que había mucha actividad náutica y deportiva en el río Guayas, pero después bajó debido a varias circunstancias.

“Tuvimos que buscar un brazo más libre hacia el Salado. El comodoro consiguió un paso con un anexo en la parte de la ciudadela Ferroviaria, hasta que por circunstancias especiales nos lo quitaron y tuvimos que recurrir a lo que hoy en día es Puerto Azul”, dice Pino, mientras permanece sentado disfrutando de la fiesta de aniversario que se realizó el sábado 20 de octubre en Puerto Azul, en la que hubo música, reconocimientos y una cena con carnes y camarón.

Según registra la historia del club, este fue creado el 19 de octubre de 1928 y fue el guayaquileño Carlos Roca Carbo quien tuvo la idea de su creación, inspirado en el Habana Yacht Club, fundado en 1886 en Cuba y considerado en los años 20 y 30 como el mejor Yacht Club del mundo.

De este también se tomaron como modelos los estatutos del nuevo Yacht Club, el que en la actualidad cuenta con las sedes del Malecón y Puerto Azul, y tiene unos mil socios, 400 ya son jubilados, es decir, que no aportan, pero siguen perteneciendo a la institución.

Roca fue el primer socio y lo nombraron gerente encargado de finanzas. El directorio también lo integraron Alberto Breilh, presidente; Ignacio Granja Saona, vicepresidente; Ricardo Balda, secretario, y David Miranda, tesorero.

Desde que se creó estuvo integrado por empresarios y comerciantes locales, familias acomodadas de la ciudad.

Al comienzo, el club estaba ubicado en una balsa en el Malecón a la que se llegaba por una pasarela. “El primer edificio de concreto se debe a la gestión iluminada del comodoro vitalicio, señor Juan Alfredo Wright Aguirre, empresario y constructor naval guayaquileño de origen británico, único que ha comandado el club por 38 años, desde 1929 hasta 1968”, señala la historia del club.

Santiago Lladó Ferrer, socio del club hace 35 años y ahora jubilado, y desde hace cuatro años es el comodoro del Yacht Club. Ese cargo es similar al de gerente de una empresa, solo que en este caso no se cobra un sueldo.

“Yo pertenezco al directorio desde hace unos 15 años. Comencé como vocal suplente. Comodoro es el cargo más alto a lo que uno pueda aspirar en el club. Se encarga de la parte administrativa, social. Tenemos dos sedes y cerca de cien empleados. Hay compras, facturación, atención al público. Como comodoro yo le dedico un cincuenta por ciento de mi tiempo. En este cargo hay que estar un poco más libre de otras actividades”, dice Lladó, quien es de origen español y llegó al país con su padre (español) cuando tenía dos años.

Añade que toda la vida le ha gustado la náutica, las embarcaciones, la pesca, los paseos en lancha. “Eso ha hecho que siempre esté muy ligado al mar. Yo me hice socio y aquí aprendí a pescar a esquiar (acuático) y todas las cuestiones náuticas que se hacen en el Yacht Club”, dice Lladó.

Entre los socios también está María Isabel Laniado. Ella es vicecomodora desde junio pasado, lo que la ubica como la única mujer en el país en ocupar ese cargo, según señala con orgullo.

Antes estuvo en el directorio. Ella es guayaquileña y entró al Club en 1998, porque su papá, Marcel Laniado, un reconocido banquero del país, era socio desde hacía muchos años.

“Mi papá tenía un bote que se llama Capitán Manda. Él se murió en el año 1998 y yo heredé el bote y desde ahí quedé vinculada con el Club”, anota la guayaquileña, que reside en Los Olivos.

Laniado trabaja en turismo, tiene una agencia de viajes, es operadora de turismo receptivo. Además organiza eventos, congresos y convenciones. “Soy Laniado Castro y por Castro somos de Machala, bananeros; y por Laniado, banqueros, lo fue mi padre y también un hermano. Me encanta el agua, el estero, la naturaleza. Estoy en el club porque me gusta lo que se puede hacer”, comenta la vicecomodora.

Sobre sus funciones dice que colabora muy estrechamente con el comodoro. “Siempre me reúno con él para ver las obras que tenemos que hacer. Hemos remodelado la cafetería, los muelles. El proyecto es remodelar todo, las canchas de tenis y varias cosas que están un poco anticuadas. La idea es darle a los socios un poco más de comodidad. Creo que de aquí a unos dos años o tres terminaremos de hacer todo lo que quisiéramos. Ahí termina nuestro mandato”, dice.

Uno de los planes que tiene el directorio es construir un faro y junto a este una capilla en la sede de Puerto Azul, que estará dedicada a la Virgen del Carmen. Tendrá capacidad para unas treinta personas.

Otro socio es Julio Aguirre. Comenzó a ser comodoro hace catorce años. Dice que trabaja bastante en bien del club y para que sea uno de los mejores.

Aguirre es quiteño, pero ha residido siempre en Guayaquil y vive en la urbanización Los Parques, al lado del Riocentro Ceibos.

Dice que su padre era guayaquileño y era socio del Yacht Club porque tenía una hacienda cerca del rio Babahoyo. “Mi padre fue socio, entonces nos hicimos socios los hijos. Y ahora mis hijos también son socios”, señala Aguirre.

Él realiza pesca deportiva y le gusta navegar en la isla de los Muertos (en el golfo de Guayaquil). “Vamos un fin de semana sí y otro no, porque normalmente cuando vamos son dos días”, dice el socio y ahora pascomodoro.

Entre él y todos los socios hay mucha camaradería y sobre todo amor por el mar y la ciudad y por el amado club

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