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Varias de las edificaciones destinadas a la estadía y descanso de las personas despiertan un pasado nostálgico. Su conservación y ubicación hacen que los propios y extranjeros vuelvan a sentirse en casa.

Caminar por las calles del Centro Histórico y de los barrios tradicionales de Cuenca con la mirada al piso es un acto casi imperdonable. Alrededor de 10.000 edificaciones patrimoniales se conservan en esta ciudad y muchas de ellas se han convertido en lugares de descanso que son capaces de transportar a las personas a cualquier época de la historia humana.

En Azuay, Cañar y Morona Santiago, el Ministerio de Turismo contabiliza 226 establecimientos de alojamiento. Mientras que, según el último catastro realizado en 2017 por la Dirección Municipal de Áreas Históricas y Patrimoniales, se registran 150 hoteles y hostales en Cuenca que se construyeron en edificaciones patrimoniales, cuyas características van mucho más allá de un lugar común.

Esta percepción es inmediata incluso antes de acercarse a la fachada del ‘San Rocke House’, hotel galería, un lugar que Francisco Torres, su propietario, decidió abrir hace apenas dos años en la pequeña Calle del Farol en el tradicional barrio de San Roque. Esta fusión de hotel y galería de arte que data de 1930 le ha dado un plus llamativo para sus visitantes, en su mayoría originarios de Europa y Guayaquil, asegura Torres.

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La fachada con 11 inconfundibles ventanas conserva los ladrillos de la construcción original, así como varias de sus paredes internas de bahareque, que difícilmente son opacadas por los detalles modernos que también son visibles en el sitio.

Para el arquitecto Esteban Ávila, experto en conservación de patrimonio, los beneficios del nuevo uso de estas edificaciones radican en que las empresas hoteleras se dedican a apostarle a la conservación de estos bienes, al invertir de manera continua en el mantenimiento de cubiertas, paredes, zócalos, entre otros espacios: “Cabe comparar la conservación con los arreglos ‘parche’ que realizan algunos propietarios de estas viviendas, con la que hacen los hoteleros que, casi siempre es integral”, asegura.

No es necesario conocer mucho de patrimonio para notar esta conservación integral de la que habla Ávila, al ingresar en la Mansión Alcázar, uno de los hoteles cinco estrellas de Cuenca que es lo más cercano a una escenografía salida de una película clásica. Con 17 años de historia, esta construcción data de finales de 1800 y su estilo colonial republicano es visible en los diversos salones con los que cuenta el espacio. Los baños de las habitaciones y casi todos los detalles de construcción y decoración han respetado a la construcción original.

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Mercy Andrade, una de las colaboradoras de Mansión Alcázar, cuenta que uno de los espacios más encantadores para el visitante es el jardín, casi salido de algún cuento. Existen visitas guiadas para las personas locales y extranjeras que deseen conocer la mansión, sin necesariamente hospedarse en ella.

Está también el hotel Victoria, con una vista aventajada al río Tomebamba y El Barranco. Activo hace 14 años, maneja la misma modalidad de recibir visitas de turistas que ingresan únicamente para conocer las instalaciones.

Parte de los hoteles patrimoniales está dentro de los circuitos que tiene la coordinación zonal 6 del Ministerio de Turismo, como uno de los atractivos fundamentales de la ciudad. Actualmente, esta entidad trabaja conjuntamente con la Dirección de Áreas Históricas y Patrimoniales, para otorgar los permisos de construcción y funcionamiento de estos proyectos que, con o sin intención, se han convertido en evidencias valiosas de la historia de Cuenca y de sus habitantes. 


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